El zafarrancho de ayer en el Foro de Consulta Estatal Participativa parecía inevitable.

Militantes de la Ceteg reventaron el evento.

Ni siquiera el acto protocolario de inauguración se pudo llevar a cabo.

El argumento fue que profesores identificados con el sector institucional del SNTE ocuparon los lugares preferentes en el acto; no obstante, desde que cetegistas marchaban por la Costera dejaron entrever sus intenciones beligerantes.

Adolfina Bautista Vázquez, portavoz de la Ceteg Acapulco, manifestó que “vamos a acudir al foro estatal de educación del próximo gobierno federal, pero mostraremos nuestro rechazo total a los modos en que se ha realizado el foro, a que entre el charrismo sindical, quienes siempre avalaron la reforma educativa”.

O sea que querían un foro donde sólo fuera escuchada su voz; era una postura radical en la que no tenían cabida los demás.

No hubo fuerza policiaca que resguardara el evento, pero aunque la hubiera habido, no se habría impedido el zipizape, o tal vez habría sido peor.

Era una reunión para conciliar y arribar a acuerdos, dijo quien será el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán.

Otros entendieron que era la oportunidad para saciar resentimientos acumulados y fobias, sin comprender que eso no los hace mejores. n

La esencia de un parlamento es la palabra, si bien con límites, pues ha de llegar el momento en que la palabra deberá ceder el paso al voto para concretar lo hablado. Si así no fuera, los parlamentarios podrían pasar la vida hablando, pero sin resolver.

En teoría, si los parlamentarios emplearan a fondo ese recurso, el voto se inclinaría a favor de la razón mejor argumentada.

En los hechos, sin embargo, lo usual es el voto en bloque: las fracciones plantean su postura ante determinado tema, y llegado el momento, cada una vota en un solo sentido.

Por eso empieza a ser preocupante lo que sucede con la fracción parlamentaria de Morena en el Congreso de Guerrero, porque, siendo mayoría, ha perdido las tres votaciones que en su momento ha considerado más importantes.

“No avasallaremos con nuestra mayoría”, había prometido el coordinador de la fracción, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, lo cual implicaba imponer su mayoría sólo en casos en que no hubiera otra opción.

Parece que ese era el caso este viernes, porque Morena necesitaba imponerse en la repartición de las comisiones del Congreso, algunas de las cuales son de importancia estratégica para impulsar el programa de gobierno de ese partido. Pero no tuvo todos sus votos: tres de sus diputados simplemente no se presentaron a la sesión, y aparentemente eso le impidió sacar adelante sus planes tal cual los había formulado.

De seguir perdiendo votaciones importantes a pesar de su mayoría, la fracción morenista podría caer en crisis de liderazgo, como todo grupo que va de derrota en derrota. n

A unos días de realizado el cambio de poderes municipales, la Auditoría Superior del Estado (ASE) dio a conocer que el gobierno que en Acapulco encabezó el perredista Evodio Velázquez Aguirre tiene pendientes de solventar unas 30 observaciones de los ejercicios fiscales 2016 y 2017, y que 2018 comenzará a revisarse en enero de 2019.

Es de esperarse que, de un momento a otro, dé a conocer de la misma manera el estado en que dejaron sus municipios los otros 80 alcaldes, cuyos sucesores, en muchos de los casos, se han estado quejando de que les entregaron el poder con las arcas tan vacías que no cuentan con dinero ni para pagar aguinaldos.

Lo más justo y correcto es que, si se está informando de un ex alcalde, se haga lo mismo con los demás, pues de no hacerse así, se dejará entrever que la idea es exhibir públicamente sólo a Velázquez Aguirre.

En principio está bien lo que hace la ASE, porque la población tiene el derecho de saber cuál es el estado que guarda la administración pública municipal en el momento del cambio de gobierno, pero a todos debe medírseles con el mismo rasero.

Es de extrañarse que sea ahora cuando el organismo dependiente del Congreso del estado difunda la situación anómala del perredista; sano sería que dijera por qué no le ha exigido que cumpla con la normatividad legal, si las fallas datan de 2016 y 2017.

Alentadora resultó la visita que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, hizo a Guerrero.

El propósito era, según la agenda, agradecer a los guerrerenses haber sufragado por López Obrador, pero, tras el evento, pudo palparse un detalle muy importante: hizo sentir al gobernador Héctor Astudillo Flores que en el próximo gobierno nadie le hará sombra ni ejercerá un poder paralelo al del jefe del Ejecutivo estatal.

Astudillo Flores, quien recibió al próximo presidente de la República, se mostró de buen ánimo, relajado, a gusto, en el evento en que acompañó al distinguido visitante.

No era para menos: AMLO advirtió a Pablo Amílcar Sandoval, próximo delegado único del gobierno federal en el estado, que quien manda en Guerrero por mandato popular es el gobernador Héctor Astudillo.

Nada de mensajes entre líneas que se prestan a interpretaciones que a cada quien convenga. Fue directo, tajante, contundente.

En Guerrero, precisó, el que manda es Astudillo Flores y cada acción que a través de la delegación proyecte llevar a cabo el gobierno federal en la entidad, no se realizará sin el conocimiento y consentimiento del primer mandatario de la entidad.

El 1º de julio, en cuanto se conoció el triunfo del candidato de Morena a la Presidencia de la República, Astudillo Flores aplicó su sensibilidad política, reconociendo que había ganado y expresando su voluntad y disposición de trabajar con él coordinadamente.

Empero, semanas después, cuando López Obrador anunció su idea de designar un solo delegado para todas las dependencias del gobierno federal en la entidad, en vez de nombrar uno en cada oficina como se ha venido haciendo tradicionalmente, pareció aflorar el descontento de Astudillo Flores, quien, abiertamente, se pronunció contra el proyecto, externando su rechazo a lo que llamó “súper delegado”.

Incluso, en una reunión de AMLO con gobernadores, Astudillo Flores tomó la palabra para fijar su postura en ese mismo sentido.

López Obrador pareció haber tranquilizado ahí mismo a los mandatarios estatales, porque a partir de ese momento lo que parecía una fricción con el presidente entrante, se diluyó.

Ahora con la visita del presidente electo y su manifestación de respeto y apoyo al gobierno estatal, Astudillo Flores ofrece la impresión de ser un gobernador del que ha desaparecido el malestar, y López Obrador la de un presidente dispuesto a darle su lugar a la primera autoridad del estado y de estar decidido a impulsar la entidad, dejando a una población rebosante de optimismo que fortalece la esperanza de que a los guerrerenses y a Guerrero, les irá bien en la próxima administración. n

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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