María Pineda, la primera mujer platera en Taxco en ejecutar el arte sacro Foto: Raymundo Ruiz Avilés

María Pineda, la primera mujer platera en Taxco en ejecutar el arte sacro

Escrito por  Raymundo Ruiz Avilés Dic 06, 2018

Artesana por vocación, deshila su anecdotario de cuando nació su amor a la platería a los 12 años de edad


Taxco, 5 de diciembre. María Pineda, artesana por vocación, a sus 83 años de edad, con sus lentes bifocales rectangulares y su singular sonrisa al recordar el pasado, sin ningún momento de tartamudeo ni de intento por deshilar su anecdotario, y con firmeza, dijo que fue la primera mujer platera en Taxco en ejecutar el arte sacro en plata para algunas parroquias del país.

Alegre, siempre risueña, se apersona del pasado y no lo deja ir al decir que el amor de la platería nació a la edad de los 12 años de edad; cuando “mi madre me mandó con el señor Darío Gallegos para ayudarle a limar palitas de plata que él tenía que llevar a vender”.

Voltea a ver sus manos una y otra vez, quizá cien veces, y las manos mismas la dirigen al horizonte para hacer una mueca regocijante y expresar que tuvo una infancia como la de todos los niños y niñas de su época, nacida el 28 de julio de 1935, en el seno de una familia tradicional, pero “ya con las ganas de ser platera”.

 “Por mucho tiempo estuve trabajando en el taller de Los Castillos, con Antonio Castillo, y ahí “aprendí a ejecutar el arte sacro que después a través de pedidos hice copones, custodias, cáliz. A Los Castillos les vendía mercancía: miraba lo que hacía falta en las mesas y les reponía las piezas, nunca me dieron a ejecutar una obra en especial”.

Desde los 12 años de edad, María Pineda comenzó a trabajar más la plata y también a conocer las técnicas de platería y realizar el mosaico azteca, metales casados, plata lisa, collares con alambres entretejidos y cuadrados así como otras cosas, hasta llegar a platear y dorar el metal, pero “esto último, fue de grande”.

Con el paso del tiempo, se abrió mercado sola; me “fui a la ciudad de México a vender plata y también exporté a Estados Unidos, a John Heisse, a María Barton, y también envié a Europa unos bastones de madera de palo de rosa con una cabeza de perro”.

“Tal vez hubo otras mujeres atrás de mí que ya ejecutaban la platería, porque me acuerdo que cuando estuve de niña con el señor Darío Gallegos el taller era con puras mujeres solteras trabajando, pero sí me siento contenta de ser la primera mujer en ejecutar el arte sacro con material de plata en Taxco.”

La relación con Spratling

“Cuando fui niña mi primer encuentro con Spratling, dijo -tomándose la cabeza y mirando de nuevo a los dedos que la enviaron al horizonte-, fue porque mi madre me comentó que ella no había visto a su hermana.

-¿No has visto a tu tío Hilario?- mi madre me preguntó y entonces saliendo de la escuela fuimos a verlo al taller de platería que estaba donde ahora es la Casa Roja.

Contenta por recordar la relación con Spratling, de inmediato le saltó una gran sonrisa de alegría y emoción que las mostró al momento de decir: “corrí y llegué al taller, ahí estaba sentado Spratling junto a Pedro Pérez, en paz descanse”.

Entrando al taller, don Guillermo Spratling me preguntó: ¿niña, qué se te ofrece?

-Le respondí: busco a mi tío Hilario “el Moyote”, esposo de la hermana de mi madre. Entonces los dos se pararon, y Spratling al pararse al mismo tiempo se para un perrote muy grande y ahí me montó; iba yo cerrando los ojos y él, agarrándome del brazo, me llevó cruzando el taller hasta el lugar donde estuvo mi tío. En el trayecto no vi a ningún trabajador.

“Mi tío Hilario, después de que le di el recado de mi madre, abrió su carterita y me dio una moneda grande de cobre de 2 centavos”.

Ella siempre viendo al horizonte y en momentos cerrando sus ojos, con gran facilidad dijo que Spratling había sido un hombre de confianza y de buenas costumbres; a “mí nunca me llamó por mi nombre, sino cada vez que lo veía me nombraba con el nombre de una flor: azucena, margarita, alhelí, girasol, nube, bougambilia y siempre me cambió el nombre”.

Defraudada por factureros

Contó: ”tuve un gran problema que no sabía de qué se trataba, el caso es que el contador con el que trabajé, me hizo un fraude al vender facturas apócrifas con mi nombre a otras personas para que las llenaran con grandes cantidades de dinero, para que les reembolsaran el impuesto por supuesta exportación que jamás hice.

Tuvo tiempo para recordar que presentó ante el SAT el block de facturas original para demostrar el fraude que a ella le habían hecho.

Con todo esto, me jubilé en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y decidí no trabajar más la plata.