Un cultivo inundado por Max en Omepetec. Un cultivo inundado por Max en Omepetec. Foto Misael Damián

En casa de Carmen Maganda “dormimos sentados; las camas estaban empapadas”

Escrito por  Arturo de Dios Palma Sep 18, 2017

El viento y la corriente se llevaron hasta las gallinas del patio


Chilpancingo, 17 de septiembre. Carmen Carmona Maganda durmió sentada toda la noche del jueves: el huracán Max le inundó su casa.

“Dormimos sentados, no había forma; todas las camas estaban empapadas, el agua entró por todos lados, llegó hasta unos 50 centímetros”, cuenta la mujer en el patio de su casa, que ahora es una extensión del arroyo que cruza su pueblo, Estero Verde, en el municipio de San Marcos, en la Costa Chica.

Carmen sintió la potencia de Max como a la 1 de la tarde. Los palos donde van las láminas con las que cubre su casa se levantaban con gran facilidad, y los árboles que tiene cercanos, cuenta, se doblaban por las ráfagas de viento.

A esa hora, lo único que atinó hacer, junto con su esposo, sus cinco hijos y sus cuatro nietos, fue meterse a uno de los cuartos para refugiarse. El ulular del viento y los golpes de los palos de sus techos los mantenían alerta todo el tiempo.

Así estuvieron casi cuatro horas, mientras Max pasaba por la Costa Chica de Guerrero.

Alrededor de la 1 de la tarde tocó tierra en el poblado de Pico del Monte, en Cruz Grande, muy cerca del pueblo de Carmen.

Los mayores daños se registraron en Cruz Grande y en el municipio de San Marcos.

En su patio, Carmen tenía un criadero de gallinas ponedoras, que ella y otras mujeres obtuvieron en programa federal Prospera. De las 10 que tenían, Max les dejó apenas dos, a las demás se las llevó la corriente que entró en su casa.

Después de dos días de trabajo, la casa de Carmen ya está seca, pero todo lo demás está dañado: sus colchones, su sala, su estufa.

Pero ahora, esa no es la preocupación principal. Eso, dice, lo resolverá después con su familia. Ahora tienen en la mente la escasez de alimentos. En los pueblos cercanos, Las Vigas y la cabecera municipal, han ido a comprar, pero cada vez es más difícil hallar quien les venda.

En el pueblo de Carmen, el huracán Max entró con potencia. Por donde se mire en Estero Verde se ven casas sin techo, árboles caídos y casi todas las calles están inundadas, así como las viviendas.

Pero para llegar a Estero Verde hay que recorrer un camino plagado de cortes, y a los lados las huertas están hasta el tope de agua. Las puntas de los árboles de mango apenas se logran ver.

Carmen no espera ayuda del gobierno. Dice que en 1997, con el huracán Pauline, su casa se derrumbó, y ninguna autoridad le ayudó; tuvo que levantarla con su familia con sus propios recursos. Igual le sucedió con Manuel.