Cada Navidad y Año Nuevo las horas son amargas, dice hija de desaparecida en Tlapa Foto: Salvador Cisneros Silva

Cada Navidad y Año Nuevo las horas son amargas, dice hija de desaparecida en Tlapa

Escrito por  Salvador Cisneros Silva Dic 11, 2020

Alma Rosa perdió a su madre en 2017, ella nunca llegó a Acapulco donde se reunirían

Se unió en 2019 al colectivo Luciérnaga, para junto con otras familias buscarla en fosas clandestinas


Tlapa, 10 de diciembre. Alma Rosa perdió su alma cuando desapareció su madre en 2017, nunca llegó al puerto de Acapulco donde las dos pasarían las fiestas de Navidad. Ante la falta de respuesta de las autoridades del estado en el caso de su madre, Rosa, se unió en el 2019 al colectivo Luciérnaga junto con otras familias, en conjunto iniciaron la búsqueda de fosas clandestinas con la esperanza de hallar los restos de sus seres queridos.

Cada Navidad y Año Nuevo las horas son largas y amargas para Rosa, desde el 2017 no sabe nada de su madre quien se supone llegaría a visitarla al puerto de Acapulco donde ella estudiaba. Dos días antes se comunicaron, rieron por teléfono, estaban alegres por estar juntas, desde aquella última llamada no hay más rastros de su paradero, nadie sabe nada.

 Pasaron los días y Rosa al no saber nada de su madre, tomó lo poco que tenía en su cuarto de Acapulco y se regresó a Tlapa, luego al poblado de Cuautipan en el municipio de Atlamajalcingo del Monte, nadie le dio respuestas, nadie la vio irse.

Rosa acudió al Ministerio Público de Tlapa para interponer la denuncia por la desaparición de su madre, pero dijo, su denuncia solo fue archivada, no hubo investigación alguna de quien resultara responsable.

Rosa cuenta que su madre fue vendida a su padre de quien años más adelante se separó, él se juntó con otra mujer.

La joven mujer supo de un colectivo que agrupa a familias, que como ella, también buscaban a sus desaparecidos. Desde diciembre del 2019 iniciaron con ayuda de la Comisión Nacional de Búsqueda, la jornada de búsqueda de restos humanos en fosas clandestinas y tiraderos, la cual hasta diciembre del 2020, ha logrado recuperar siete cuerpos humanos y decenas de fragmentos óseos.

Rosa confiesa que la desaparición de su madre la mantiene en depresión constante, lo que la ha orillado al alcoholismo recurrente. No sabe explicar lo ansiosa que se pone cuando piensa en su madre, en lo que le pudo haber pasado, en su sufrimiento y sobre todo, en quién pudo haberlo hecho.

Sus esperanzas han vuelto desde que se unió al Colectivo Luciérnaga, ahí convive con más familias, sobre todo mujeres, que entienden su dolor, y en quienes se apoya. Cada jornada de búsqueda es un momento de esperanza de encontrar a su madre u otra persona que pueda regresar a casa con su familia, aunque sólo sean sus restos humanos.