A 48 años, familiares de víctimas de la guerra sucia siguen a la espera de justicia Foto: La Jornada Guerrero/Archivo

A 48 años, familiares de víctimas de la guerra sucia siguen a la espera de justicia

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Feb 14, 2020

Reclaman a la CEAV por incumplir con el acuerdo de reparación del daño

Recuerdan sobrevivientes la represión que sufrieron en El Quemado, Atoyac, a manos del Ejército


Atoyac, 13 de febrero. En septiembre de 1972, Saúl Martínez Palacios presenció cuando los soldados se llevaron a su padre. Después lo pasearon por el centro del pueblo de El Quemado atado de manos y con la cabeza cubierta, “como si se tratara de un criminal”. Esa imagen cambió su vida para siempre. Aunque estudió hasta terminar la Preparatoria, su paso por las escuelas estuvo siempre acompañado de miedo y zozobra, sobre todo cuando veía cerca a algún militar.

Su historia es similar a la que vivieron decenas de niños de esa comunidad, los cuales hoy, 48 años después, siguen en espera de que el gobierno federal los ayude a reparar los daños que la represión militar ocasionó en el municipio de Atoyac, en los primeros años de la década de 1970, y la cual, hasta hoy, no llega.

Hace un año, los representantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) acordaron con los habitantes de El Quemado entregar la ayuda a las familias de las víctimas de la llamada guerra sucia, compromiso que hasta hoy, según los agraviados, han incumplido los funcionarios federales.

Saúl Martínez continúa su narración: “Éramos niños de entre 7 y 10 años, cuando los militares comenzaron a detener a nuestros padres y abuelos acusándolos de ser parte de la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos. Al que detenían lo paseaban por el centro del pueblo, esposado con las manos atrás y con la cabeza cubierta, como si fueran criminales peligrosos. A varios no se les volvió a ver porque se los llevaron a México, y otros los liberaron cuando comprobaron quiénes eran, no sin antes darles su madriza”.

Norberto Morales Lozano cursaba el tercero de primaria cuando el Ejército detuvo a su papá, y aunque fue liberado después, para su familia las cosas ya no fueron igual. El hoy hombre de 57 años asegura que desde aquellos hechos su padre vivió con miedo, incluso, de salir a la calle, para no ser detenido de nueva cuenta. Eso obligó a él y a varios de sus hermanos a trabajar para ayudar a su madre económicamente.

No obstante que concluyó la licenciatura en Turismo, Norberto afirma que su confianza hacia las instituciones del gobierno se vino abajo después de lo que vivió en su pueblo natal. “Es una situación con la que creces después de haber presenciado lo que paso en El Quemado con nuestros padres, abuelos y familiares. La gente de la localidad es buena y trabajadora pero en aquellos años el gobierno se ensañó con ella, la represión fue muy dura”, asentó.

Por su parte, Epigmenio Flores Castañón recordó que a él los castrenses lo detuvieron y golpearon fuertemente cuando regresaba del campo por calzar unas botas parecidas a las militares, las cuales usaba, dijo, porque en el campo hay hierbas que te dañan los pies, “pero eso no le importó a los uniformados, porque me esposaron y me dieron con la culata de sus armas varios golpes en la espalda, la cual me duele hasta hoy”, agregó.

A pesar de la represión que sufrieron los pobladores de El Quemado a manos del Ejército en aquellos años, el sobreviviente que actualmente tiene 67 años dice no tener rencor hacia los soldados, pues asevera que sólo obedecieron órdenes del entonces presidente Luis Echeverría que formaba parte de un sistema que dominó el país por varias décadas.

Los tres hombres coincidieron en que en las familias de El Quemado hay molestia, inconformidad y coraje, porque el gobierno federal los lleva con engaños desde hace varios años porque sólo les promete que la ayuda llegará sin que eso pase.

En ese sentido, manifestaron tener confianza en que el actual gobierno federal y el presidente Andrés Manuel López Obrador cumpla con lo que prometió en campaña de ayudar a quienes fueron víctimas de los crímenes ocurridos en el pasado, “y esperamos que no nos desilusione porque confiamos en él aunque hasta hoy no hay nada claro”, asentó Flores Castañón.