¿Quién está fallando?

Escrito por  Ene 16, 2020

Tienen razón quienes afirman que, cuando ocurre un hecho sangriento, se vuelve concurso ver qué medio de comunicación lo publica primero.

En efecto, así es, pero no son solamente los sucesos violentos, sino hechos noticiosos en general.

Los medios no buscan temas en específico; captan prioritariamente lo que más le interese al lector, lo que más llama la atención, lo que más vende.

No obstante, no son los medios los que marcan la pauta; son, más bien, los lectores; ellos deciden qué leer, son ellos quienes escogen los temas, y es esa la guía a la que se apegan los medios.

Incluso, hay empresas periodísticas que llevan a cabo periódicamente encuestas entre el público para ver qué tipo de lectura prefiere, a efecto de seguir esa línea y de esa manera conseguir más lectores y, por tanto, más venta de periódicos, que es donde reside su fuerza, para allegarse más publicidad.

Cuando los lectores decidan ya no leer nota roja, desaparecerán las publicaciones de hechos sangrientos o las empresas periodísticas se verán obligadas a enfocarse en otros temas.

Las consecuencias de callar los sucesos sangrientos son amplias y merecen un análisis profundo.

Digamos de paso, por ejemplo, si asesinan al presidente de la República, a un gobernador o a un presidente municipal, ¿qué ocurriría si ningún medio, ni impreso ni virtual, lo publica?

El país, el estado o el municipio, según el caso, quedaría a oscuras y en seguida fluirían los rumores, las especulaciones, que es lo que aflora cuando se carece de información.

O ¿qué noticias sí y que noticias no podrían o deberían  publicarse?

Hay cuando menos tres opciones para evitar la difusión de sucesos sangrientos para no asustar a los turistas.

Una: inculcar en los lectores la cultura de la no lectura de este tipo de hechos, lo que llevaría décadas.

Dos: convencer a los dueños de medios de que oculten esta clase de información, lo que implicaría que, en estas épocas de austeridad republicana, los mismos pidieran al gobierno la suficiente publicidad para mantenerse a flote.

Tres, la más viable, que el gobierno haga su trabajo de acabar con la inseguridad y la violencia. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Eliminada la violencia nadie podrá difundirla.

La labor de los medios es informar; la del gobierno es prevenir la comisión de delitos, garantizar la protección de la integridad del ciudadano y la de su patrimonio. La ley es muy clara.

Entonces, la prensa está haciendo su trabajo. Y si no se ajusta a los lineamientos legales, la ley también es muy clara sobre cómo la autoridad debe proceder.

Es la ley la que del mismo modo advierte al gobierno sobre sus responsabilidades; el problema aquí reside en que, en este mundo de impunidad y complicidades, no hay quien se la aplique.

Dicho de otra manera, alguien está fallando en la ejecución de sus tareas. Y a quien falle debe aplicársele la ley, no pedir a otros que no hagan su trabajo. n