Zona de confort

Escrito por  Dic 04, 2019

A juzgar por la advertencia que lanzó ayer a los presidentes municipales el delegado del gobierno federal Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, en el sentido de que ellos también –no sólo los gobernadores– serán clasificados en una lista pública según su nivel de participación en las labores de coordinación interinstitucional contra la violencia delictiva, puede concluirse que los ediles no sólo administrarán sus municipios acotados en materia presupuestal, como de por sí lo han hecho este año, sino también recortados en lo que hace a su zona de confort.

Considerada la peligrosidad –por su capacidad financiera y su poder de fuego– de los criminales de los tiempos que corren, para los alcaldes ha resultado muy cómoda la delimitación de sus jurisdicciones en materia de seguridad pública. Ante cualquier delito con visos de crimen organizado, muchos de ellos desmarcaron a su gobierno con el argumento de que eso es de competencia federal.

Y así navegaron todo su periodo con esa bandera, mientras la criminalidad crecía a su alrededor. Es entendible, pero no justificable: México todo ha visto caer bajo las balas asesinas del crimen organizado a decenas de sus presidentes municipales, muchos de ellos porque no quisieron ceder a las exigencias de sus extorsionadores.

Muchos policías municipales han muerto también porque, siendo vecinos de barriada de los sicarios, éstos los conocían muy bien, así como a sus hijos y demás parientes, y eso los hizo presa fácil para los asesinos.

Por lo que anunció el delegado, los tiempos de ese confort se aproximan a su fin, pues los alcaldes que no participen en la coordinación de seguridad serán exhibidos en una especie de relación de “quién es quien en materia de lucha contra el delito”. Y eso afectará su imagen, sobre todo si pretenden reelegirse en el cargo, ahora que ya se puede.

Es saludable que los ciudadanos sepan cuánto se comprometen y cuánto se meten sus presidentes municipales en la tarea de resolver los problemas que en verdad les aquejan.

Hasta ahora sólo han sido destinatarios de apremios más o menos suaves de presidentes de la República, secretarios de Gobernación, gobernadores y legisladores. Pero nunca se les ha exhibido.

Los puestos de representación popular no están para gozar en ellos lo que podría denominarse las mieles del poder. Son para trabajar con intensidad en resolver los problemas que aquejan a la gente. Los munícipes no son responsables de combatir el crimen organizado, es verdad, pero sí de prevenir esos y otros delitos, y de hacerlo de manera coordinada con los otros niveles de gobierno.

Hasta ahí, todo bien. El único problema es: ¿también exhibirán a los alcaldes de Morena que cometan esa falta? En el caso de los gobernadores, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya dijo que sí. El delegado también lo aseguró para el caso de los ediles. Pero muchos pagan por ver.

Mención aparte merece lo que las declaraciones de Sandoval Ballesteros dejan traslucir, pues dijo que la coordinación entre Federación y gobierno del estado ha permitido abatir los índices de criminalidad, lo cual parece indicar que entre el mandatario estatal y el funcionario federal ha quedado superado el encontronazo que tuvieron ante el Presidente cuando las huestes del delegado, por iniciativa propia o por orden suya, abuchearon al Ejecutivo guerrerense en Tlapa. n