A cobrar bien los impuestos

Escrito por  Oct 28, 2019

No hay gobierno –sin importar su signo ideológico, ni el sistema social en que opere– que pueda darse el lujo de no cobrar impuestos; todos necesitan recursos no sólo para su subsistencia, sino también para llevar a cabo sus planes sociales o simplemente para atender emergencias, máxime si, como es el caso del actual gobierno federal, tiene planes ambiciosos, amplios y apremiantes.

En el escenario federal, cada año, México asiste a la lucha anual entre el presupuesto disponible y las necesidades a satisfacer, a lo cual hay que agregar los planes del gobierno en turno, que casi siempre superan sus posibilidades financieras.

Encima de ello, como lo denuncian en las páginas de esta edición los diputados locales Dimna Guadalupe Salgado Apátiga y Heriberto Huicochea Vázquez, a los presidentes municipales se les hace más fácil depender de los recursos federales que ellos mismos cobrar los impuestos que les corresponde recaudar.

El ideal del gobierno que, en el límite de la austeridad, dispone de recursos para cumplir todos sus proyectos y atender a completa satisfacción las demandas de su sociedad es muy difícil de realizar. Algunos gobernantes se embarcan en ese propósito, pero, siendo tan difícil como es, el suyo termina siendo, más bien, un despropósito.

Por eso es que la mayoría de los gobiernos modernos optan por ser realistas a la hora de plantear las tarifas, las tasas y los montos de los impuestos que deben cobrar; pero a cambio deben ofrecer –para que el contribuyente no se sienta despojado de su dinero, sino que sienta y perciba que, en efecto, sus contribuciones están trabajando– que se transforman en servicios, en electrificación, en seguridad pública, en agua potable, en escuelas y hospitales, en carreteras y puertos.

Los alcaldes de Guerrero, acostumbrados a lo largo de muchos años a no cobrar los impuestos municipales para no perder popularidad, hoy son casi forzados por la política de austeridad del gobierno federal a buscar nuevas fuentes de ingresos, pues ya ven a las claras que sus gobiernos no podrán más depender por entero de las finanzas nacionales. Tienen que hacerlo bien, con estricto apego a la ley y a las normas, y gastar el dinero según el parecer de sus comunidades, en las obras que más necesiten y más demanden.

Que de algo sirva la ambición presupuestal del actual gobierno federal. n