Agoreros del desastre

Escrito por  Jul 30, 2019

Es un hecho irrebatible el retraso en la entrega del fertilizante, independientemente del porcentaje que se haya distribuido hasta ahora.

Entre los mismos morenistas hay voces sensatas y razonadas que admiten errores en la ejecución del programa y advierten que para la próxima temporada de lluvias tendrán que corregirse.

Asimismo, ha habido denuncias salidas del gobierno del estado alertando sobre las fallas que se están cometiendo y demandando mayor atención al trabajo.

Pero entre la inmensa mayoría de los protagonistas ha aflorado un alud de dimes y diretes en los que no se ve otra pretensión que no sea la de golpear y causar el mayor daño al adversario.

En la guerra mediática, morenistas defienden con todo, exceptuando la inteligencia, el programa del fertilizante, en tanto priístas contraatacan con acusaciones sobre irregularidades.

Y como parte de la batalla surgen voces catastrofistas anunciando ya, desde ahora, los estragos que supuestamente provocará el retraso en la entrega del insumo.

Se habla desde ahora con una precisión carente incluso de lógica, de los daños; en Tecpan, por ejemplo, surgió la ocurrencia de que la producción se reducirá 80 por ciento.

¿Qué sistema o procedimiento usaron para conocer ese porcentaje?

Lo más probable es que la falta del reparto oportuno traerá consecuencias indeseables, pero manejar con antelación la dimensión de “los estragos” con tanta exactitud resulta grotesco.

En esta batalla de acusaciones mutuas, en la que la mayor preocupación de los bandos es sacar la mejor parte, se ausentan la mesura y la prudencia.

No hay un árbitro capaz de sentar a unos y otros para analizar conjuntamente la situación, sacar conclusiones y aplicarlas buscando la mejor salida al problema.

No hay liderazgo para apaciguar a priístas, llamarlos a la mesura y actuar de manera razonada; tampoco lo hay entre los morenistas, que, cada quien con su grupo, lanzan patadas, puñetazos y mordidas, para ellos la mejor manera de salir del embrollo con la mano en alto.

Unos por expertos y otros por novatos, tienen al estado convertido en un cuadrilátero en el que se trepan todos para colocarse en el mismo nivel y batirse en el lodazal, como si fueran pocos los problemas que agobian a la entidad y la mantienen en el rezago socioeconómico. n