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Brincos de más

Escrito por  Jul 29, 2019

Más emocional que razonada parece ser la defensa que algunos grupos asumen a favor de Isaías Arellano Maldonado, destituido como jefe de Reglamentos a raíz de la balacera ocurrida en el interior de Mr. Bar, con saldo de cinco muertos y seis heridos.

Primero fue el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio en Guerrero (Fecanaco), Alejandro Martínez Sidney, quien consideró injusto el cese y estimó que debería ser la cabeza del secretario de Seguridad Pública municipal, Gerardo Rosas Azamar, la que debería rodar, porque, argumentó, Arellano Maldonado no era responsable de la seguridad.

Luego, el colectivo Construyendo Ciudadanía expresó en conferencia de prensa que la salida de Arellano “fue un despido injustificado porque no tenía a su cargo la seguridad”.

Hasta donde se sabe, en ningún momento el ayuntamiento responsabilizó al ex funcionario de la balacera, sino por no hacer respetar la hora de cierre del establecimiento, que trabajaba fuera de horario.

Si a esa irregularidad se le agrega la exhibida por la síndica procuradora, Leticia Castro Ortiz, en el sentido de que el negocio no contaba con licencia de funcionamiento, la situación de Arellano empeora.

Era deber del titular de Reglamentos hacer respetar el horario de funcionamiento, una. Otra: si el bar carecía de licencia, la dependencia tuvo los casi nueve meses que han transcurrido de la actual administración municipal para meter en regla los negocios irregulares.

En caso de que Mr. Bar estuviera funcionando en una colonia popular, alejada del centro de la ciudad, podría tener una excusa, que no una justificación, para hacer de las suyas, pero el hecho de que opere en plena zona turística, exactamente en la Condesa, no tiene pretexto alguno.

Si Arellano Maldonado sabía que el negocio abría al margen de la ley, malo; si no lo sabía porque no lo había detectado ya sea porque sus subordinados se lo ocultaban o por ineficiencia en la supervisión, peor aun.

Por tanto, su caso resulta indefendible por más que Martínez Sidney y el colectivo Construyendo Ciudadanía lo quieren ayudar pretextando que no es el responsable de la seguridad.

En el pecado llevó la penitencia.

De igual modo, Rosas Azamar debería irse a su casa, pero también Arellano Maldonado.

Otro punto: Martínez Sidney no debería pegar tantos brincos ante el anuncio de la alcaldesa Adela Román Ocampo respecto a que se harán recorridos de supervisión para verficiar que los establecimientos respeten las horas de cierre, lo cual calificó el líder de la Fecanaco como “cacería de brujas”.

En realidad, de actuar así, Román Ocampo no haría más que asumir la responsabilidad que realmente le corresponde, es decir encargarse de verificar que los negocios funcionen apegados a la ley, sin que tuviera que ocurrir una tragedia como la de Mr. Bar. n