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Tarea urgente

Escrito por  Jul 25, 2019

Apremiadas por la urgencia de las circunstancias, las declaraciones oficiales que se han hecho respecto de la matanza del domingo pasado en el Mr. Bar de la Costera han sido apresuradas y hasta oportunas. Pero sería aventurado afirmar que también son acertadas.

Las propuestas van desde llamar a comparecer al secretario de Seguridad Pública del estado y al fiscal estatal ante el Congreso local, hasta destituir al director de Reglamentos y Espectáculos del municipio, pasando por el anuncio del enésimo reforzamiento de la vigilancia policiaca en el puerto.

Ninguna de esas acciones, incluso la más drástica de ellas: hacer rodar cabezas por su supuesta responsabilidad en el incidente, tendrá el efecto que buscan quienes hacen los reclamos, pues todas están muy lejos de atacar el fondo del problema.

El caso del director de Reglamentos y Espectáculos es perfecto ejemplo de ello. Es, según sus acusadores, responsable de los hechos porque permitió que el bar operara con un permiso irregular y fuera del horario establecido. Pero, ¿acaso tener sus permisos en regla y operar en ciertos horarios habría, en serio, impedido un ataque urdido con premeditación y ejecutado por personas que se dedican a esa actividad de manera profesional?

Si la solución contra la criminalidad fuera tan sencilla como cerrar temprano los establecimientos comerciales del puerto, hace mucho tiempo que el problema habría sido resuelto. No se cometerían homicidios durante el día, mientras hubiera luz solar. Pero la realidad indica que no es así.

De hecho, no es aventurado afirmar que la mayoría de los asesinatos son cometidos entre la mañana y la tarde.

El problema es que los criminales han acumulado mucho poder, en primer lugar en forma de dinero, porque con él pueden comprar armas, impunidad y complicidades, y pagar a sus asesinos a sueldo.

Por eso, la estrategia gubernamental contra los criminales de alto impacto en el país debe ir dirigida, en primer lugar, a quitarles las fortunas que han amasado a lo largo de muchos años de impunidad; en segundo lugar, a impedir que lleguen más armas a sus arsenales, y en tercer lugar a desactivar sus organizaciones con trabajo de inteligencia. Un criminal sin dinero y sin armas, y seguido cada vez más de cerca por las autoridades no sólo no es un peligro para la sociedad, sino que está en peligro él mismo.

También, las únicas mercancías que el gobierno puede arrebatarles, es decir la mariguana y la amapola, deben ser legalizadas, pues el mercado negro de ambos vegetales les deja ganancias de tal tamaño que les permiten desafiar a la autoridad.

Ahora bien, ¿está dando pasos en ese sentido el gobierno federal, único facultado por las leyes para hacerlo? Todo parece indicar que no, sino que está más enfrascado en disputas de corte ideológico que en hacer esta tarea urgente. n