Imprimir esta página

Entre la espada y la pared

Escrito por  Jul 23, 2019

No dejó de sorprender el desalojo de productores que, en reclamo del fertilizante, bloqueaban la autopista del Sol y la carretera federal México-Acapulco en Tierra Colorada.

No obstante que han sido numerosos los bloqueos viales por la misma razón, el gobierno estatal usó esta vez a los policías antimotines para retirar limpiamente a los inconformes de Tecoanapa.

Otro punto que pudiera cuestionarse: siendo vías de comunicación federales, ¿por qué tuvo que desalojar el gobierno estatal?

Una de las voces que reprobaron la actuación oficial fue la del diputado federal Rubén Cayetano García.

Como abogado que es, conocedor de las leyes, Cayetano sabe que los campesinos estaban incurriendo en un delito federal; sin embargo, reprobó “el acto de represión”, demandó de todos los órdenes de gobierno “diálogo y más diálogo” y apremió a “deslindar responsabilidades contra quien resulte responsable”.

¿Habría reaccionado igual el morenista si hubiera sido un gobierno emanado de Morena el que hubiera actuado?

¿Desde cuándo el recurso político del diálogo sustituye a la aplicación de la ley?

Cierto es, efectivamente, que el gobierno federal ha fallado en el reparto puntual del fertilizante y respecto a lo cual Cayetano no hace mención; no obstante, no puede exigirse el cumplimiento de un compromiso violando la ley.

¿Procedió indebidamente el gobierno estatal al desalojar a los campesinos?

Que respondan, no los que quieren llevar agua a su molino buscando reflectores electoreros; no las partes involucradas, que buscarán justificarse, sino los profesionales del derecho independientes –los profesionistas y profesionales comprometidos con la legalidad–, y que se pregunte su opinión a los conductores agraviados, lo mismo que a los viajeros que tuvieron que descender de las unidades de transporte para continuar su camino a pie.

En su defensa y como atenuante, bien podría aducir el gobierno estatal que le pasó lo del cohetero: si no le truenan los cohetes, le chiflan; si le truenan, también le chiflan. Así, si el estado no procede para proteger la afluencia turística, lo apabullan; si actúa, se le echan encima. n