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¿Dónde quedó la ley?

Escrito por  Jun 25, 2019

Si policías estatales detuvieron a tres comunitarios como probables responsables del asesinato de las ocho personas que aparecieron en la batea de una camioneta en Chilpancingo, habría que suponer que la acción está debidamente fundamentada con apego a la legalidad.

Por tanto, habría que suponer también que habitantes de Tixtla que bloquearon por más de seis horas la carretera federal que conecta a Chilpancingo con esa cabecera debieron esperar los resultados del proceso jurídico en vez de recurrir a acciones que atentan contra el libre tránsito, hecho que constituye un delito.

En principio, debería dejarse en libertad a la Fiscalía General del Estado (FGE) para que hiciera su trabajo; es de entenderse que debe contar con los elementos suficientes para concluir que los detenidos podrían ser responsables de la matanza, bajo el principio de que cualquier ciudadano es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Los comunitarios no son santos, ni están vacunados contra la comisión de excesos, pero tampoco puede caerse en la ligereza de aseverar que son delincuentes.

El problema radica en que la FGE no tiene credibilidad, razón que crea sospechas de que los tres detenidos pueden ser chivos expiatorios, cuya creación es un vicio practicado desde siempre por los encargados de procurar justicia.

Habría que cuestionar que los comunitarios no fueron detenidos durante la comisión del delito. No es explicable que hayan sido policías estatales quienes los detuvieron porque los que tienen encomiendas de este tipo son los policías ministeriales.

Nadie tiene confianza en la actuación policiaca, pero eso tampoco justifica el caos generado por los tixtlecos al cerrar una carretera federal.

No debería exigirse la liberación de los comunitarios, sino demandar un proceso justo, imparcial, si fuera, desde luego, el estado de derecho el que prevaleciera. Pero con el desprestigio y el descrédito de la autoridad, complementados por la impunidad, es la ley de la selva la que predomina, y los que se consideran agraviados por un hecho pisotean a placer la ley confiando en que, hágase lo que se haga, legal o ilegal, no pasa nada. n