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Congreso itinerante

Escrito por  Jun 04, 2019

El conflicto laboral que padece el Congreso local y que ayer entró en su tercera semana de duración ha dado origen a que haya un Poder Legislativo itinerante, al deambular de un escenario local a otro, para llevar a cabo sus sesiones.

Si bien la actividad legislativa no se ha detenido, el movimiento que llevan a cabo los trabajadores ha traído, entre otras consecuencias, que el Congreso gaste en el alquiler de espacios para hacer su trabajo, lo cual ha tenido diversas interpretaciones, entre ellas la de sus empleados, que consideran que en vez de andar pagando entre 250 mil y 300 mil pesos “en hoteles de cinco estrellas”, podría utilizar ese dinero para cubrir a una buena parte de ellos el incremento salarial reclamado.

Es evidente que las negociaciones entre la representación patronal y los sindicalizados permanecen estancadas; la primera se aferra a su posición de no otorgar más de 5 por ciento, en tanto los empleados no ceden en sus pretensiones de obtener 13 por ciento.

De entrada, habrá que admitir que los paristas están en todo su derecho de exigir el porcentaje referido, y si, como dice el presidente de la Junta de Coordinación Política, Antonio Helguera Jiménez, de filiación morenista, el Congreso no está en condiciones de otorgar más de 5 por ciento, eso no significa que no se busque alcanzar un acuerdo que satisfaga a las dos partes.

Lejos de ello, existe la impresión de que Helguera Jiménez le apuesta a vencer a sus trabajadores mediante el agotamiento.

Se ha dedicado, además, a formular acusaciones que, lejos de abonar el terreno para un arreglo, lo descompone más, como cuando ha afirmado que los paristas no buscan mejores condiciones económicas, sino ambicionan privilegios.

Si fuera así, muy mal se ve que lo ventile públicamente en vez de buscar soluciones; si no lo es, está peor, porque distorsiona los objetivos de los trabajadores, lo que motiva que radicalicen sus demandas cerrando más las puertas a un acuerdo.

La manera en que Helguera ha manejado el conflicto deja entrever su falta de experiencia y tacto político para abordar problemas de este tipo, pues, que se recuerde, en los últimos tiempos no ha ocurrido una paralización de labores de esta magnitud.

El asunto le trae más complicaciones al presidente de la Jucopo, pues además de entrentar problemas con las bancadas de oposición, que le han soltado una andanada de acusaciones de violar el reglamento del Congreso, y han llegado a reventarle la sesión, no ha podido resolver el problema laboral.

En consecuencia, lejos de obtener la solidaridad y el apoyo de las demás bancadas, los diputados han ido hasta los trabajadores para expresarles su respaldo y recomendarles que no se dejen, porque las intenciones de Helguera no son nada buenas.

Así, mientras Helguera muestra una mano suave para tratar a los grupos que han ido al Congreso con el propósito de incendiar documentos y exigir la tribuna, aplica mano dura a sus trabajadores.

En tanto las posiciones de ni más de 5 por ciento ni menos de 13 por ciento se mantienen intransigentes; no se vislumbra posibilidad alguna de arreglo, ni se percibe la intención de destrabar el nudo. n