El grito de las mujeres

Escrito por  Mar 19, 2019

Como un acto de justicia puede evaluarse el veredicto de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), de dejar sin efecto la toma de protesta a Juan Manuel Santamaría Ramírez como diputado, y ordenar al Congreso local que se nombre a una mujer.

Es de entenderse que Hilda Jennyfer Ponce llegó al Congreso como diputada atendiendo a la paridad de género; luego, cuando al separarse del cargo la sustituyó Eunice Monzón, lo hizo porque era su suplente, pero también atendiendo a la misma linea de la equidad. Por tanto, si Monzón decidió pedir licencia, lo más natural es que otra mujer la supliera.

Pero, lejos de eso, se nombró a Santamaría Ramírez para que ocupara la curul, lo que motivó la indignación de diputadas morenistas, que encausaron una lucha que recurrió al amparo del TEPJF.

Conocido el veredicto del tribunal, el secretario general del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Arturo Álvarez Angli, lo consideró un exceso y amenazó con acudir a la Sala Superior del TEPJF para promover un recurso de revisión, pues calificó de errada la decisión de la Sala Regional.

En realidad, si, en retrospectiva, los partidos políticos hubieran tomado en cuenta a hombres y mujeres por igual a la hora de las postulaciones a cargos de elección popular, considerando su capacidad y preparación sobre todo, no habría habido necesidad de que la autoridad estableciera el reparto con base en la equidad de género.

Pero no fue así; los líderes partidistas se agandallaban las posiciones para los varones de su club y sólo incluían a alguna mujer cuando se trataba de la esposa, la amante, la novia o alguna otra fémina a la que quisieran favorecer, sin tomar en cuenta mérito alguno.

La lucha de la mujer la ha colocado a la par del varón; no obstante, éste se resiste a darle el sitio que le corresponde y manotea con tal de arrebatarle el mayor número de cargos, así la ley establezca lo contrario.

Ahí está el caso del PVEM, cuyo secretario general se opone a que la posición se entregue a una mujer, aduciendo que “se trata de un exceso, toda vez que trata de defender el derecho de las mujeres a ejercer un cargo, pero al mismo tiempo se deja vulnerable al género masculino”.

Y se victimiza: “Pareciera que ahora se considera como ciudadanos de segunda a los hombres; eso aunque venga derivado de una acción afirmativa, lo que hace es dejar desprotegido al otro sexo”.

Para Álvarez Angli, “lo correcto era llamar a la fórmula siguiente, encabezada por Santamaría Ramírez”.

La Sala Regional del TFPJF no lo consideró así; en consecuencia, la cachetada asestada por las mujeres está ardiendo a los hombres que quieren hacerlas sentir como las villanas.

Algo queda claro y es irrebatible: las mujeres ya no están dispuestas a dejarse. n