Solución contraproducente

Escrito por  Mar 12, 2019

Los tres niveles de gobierno, coordinados, emprendieron este lunes el desmantelamiento de centros de carburación de gas LP, que operaban de manera ilegal.

Habría que aplaudir al ayuntamiento de Acapulco por esta acción, porque se lleva a cabo contra establecimientos que no reúnen condiciones de seguridad y cuyo funcionamiento podría ocasionar en cualquier momento un accidente con pérdida de vidas humanas incluso.

Por consiguiente, en ese sentido, el municipio está en lo correcto, pero mejor estaría si los gobiernos no sólo se coordinaran para desmantelar las plantas, sino para atender el problema en su conjunto.

El cierre de estos expendios puso en apuros a los consumidores del combustible que acudían a los mismos a llenar sus tanques, como una manera de evitar los abusos de las camionetas repartidoras, cuyos tripulantes entregan tanques semivacíos y hasta vacíos, pero los cobran como si estuvieran llenos.

En consecuencia, de manera complementaria al cierre de las estaciones, debió incluirse en la coordinación a los empresarios del gas, lo mismo que a la Secretaría de Energía y a los responsables de Profeco, para procurar que en adelante se encarguen de que los tanques estén llenos.

Porque resulta que se están dedicando a eliminar un posible riesgo de explosión, que está bien, pero condenan a la vez a los consumidores a recaer en los excesos de los repartidores.

Es sabido que a una cancha deportiva de Ciudad Renacimiento llega muy temprano una pipa que abastece los tanques de gas a la gente; en una estación de la misma zona se despacha gas entre 7 y 9 de la mañana, antes de que pasen los inspectores. Y a eso están orillando ayuntamiento y compañía: a que los consumidores busquen y adquieran el combustible en condiciones todavía más riesgosas que las que había.

Está cumpliendo el municipio con la responsabilidad de aplicar la ley y evitar que la población corra riesgos en los que vaya de por medio su integridad personal. Está bien. Lo que está mal es que no busque opciones para que los consumidores no resulten afectados.

Si Profeco hiciera su trabajo de verificar que los tanques se vendieran llenos y la Secretaría de Economía se encargara de obligar a los gaseros a que supervisen a los repartidores para evitar el bandidaje de que hacen víctima a la gente, ni falta que harían los centros de carburación y el servicio sería mejor porque el usuario ya no tendría la necesidad de llevar y regresar cargando su tanque para que se lo surtan.

No obstante, no sucede así.

La autoridad está solucionando un problema creando otro, lo cual denota falta de visión o mueve a pensar que lo que pretende es evitarse posibles problemas en el futuro sin importarle las consecuencias colaterales de sus medidas. n