Obstáculo superado

Escrito por  Feb 09, 2019

Sin duda alguna, uno de los sucesos que más llamaron la atención durante la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Guerrero fue el abrazo entre el jefe del Ejecutivo federal y el del estatal, Héctor Astudillo Flores, que limaron la rispidez generada en la anterior visita a Tlapa, el 11 de enero, cuando el gobernador fue abucheado por algunos asistentes.

Si bien Astudillo Flores había advertido que tendría que sopesar cuidadosamente la probabilidad de asistir al próximo evento de AMLO en la entidad, el hombre estuvo presente haciendo honor a la invitación presidencial. Se le vio alegre, contento, al lado del mandatario, quien, por otro lado, hizo cuanto tenía que hacer para que el gobernador superara el mal sabor de boca de aquel infausto acontecimiento.

En consecuencia, no fue de extrañarse ver juntos a los dos mandatarios, pues anticipadamente ya se había visto a Astudillo Flores y al delegado del gobierno federal en la entidad, Pablo Amílcar Sandoval, fundidos en un abrazo, dando por cerrado el episodio negativo y restableciendo el buen clima político, propicio para la conducción constructiva del estado.

Y hablar de un buen clima político no necesariamente podría implicar tener una buena relación los dos poderes, porque el gobernador ha expresado públicamente sus puntos de vista contrarios a los proyectos del presidente de la República, pero lo ha hecho de manera respetuosa, y en estos términos bien se puede llegar a la mesa de negociaciones, sentarse y ponerse de acuerdo decidiendo lo más conveniente para el estado y el país.

El diálogo y el convencimiento no pueden conducir a otro camino, y eso pareció haber quedado claro en esta visita del Presidente.

Héctor Astudillo tiene bien puesta la camiseta de su partido, el PRI, pero mejor puesta tiene la de gobernador de Guerrero y de acuerdo con ello se conduce, en tanto López Obrador ha dado muestras de querer llevarse bien con el mandatario de un estado que le brindó todo su apoyo en las urnas, y hasta muestras de humildad ha tenido, como aquella de Tlapa en que se disculpó con su anfirtión por el comportamiento de la concurrencia.

Superado lo de Tlapa, es, pues, una experiencia que los protagonistas no deben olvidar y menos aun desaprovechar, y es al mismo tiempo el momento de ver hacia delante y avanzar en la solución de problemas que tanto agobian a la entidad y la ejecución de obras que la lleven, no a sobrevivir, sino a crecer y fortalecerse. n