Separación de poderes

Escrito por  Ene 06, 2019

Así como la falta temporal de un Presupuesto de Egresos no llevará a Guerrero a la catástrofe –por más que constituya una falla mayor de la fracción de Morena en el Congreso local–, la asesoría externa que la coordinación morenista halló en el ex secretario de Finanzas Carlos Álvarez Reyes no debería tener implicaciones que pongan en riesgo la soberanía del Legislativo.

Lo cuestionable, en todo caso, sería que los diputados de Morena tuvieran que buscar asesoría externa por haber despedido a los asesores del Congreso. Y que aun con tal asesoría profesional hayan cometido el desatino que querer pasar una partida para caminos rurales sin la suficiente sustentación documental.

Como ocurre en todos los ámbitos, las decisiones de los liderazgos morenistas en el Congreso logran aciertos, pero también fallan. Por ejemplo, es saludable que no quieran dejar a la deriva el pilón que asignó el Congreso federal a Guerrero, sino que lo etiqueten, para dar menos espacio a la discrecionalidad o a la corrupción. Es criticable que esto sea la causa del retraso en la aprobación del Presupuesto.

Es correcto que hayan decidido reasignar la bolsa de 200 millones de pesos que la propuesta de Presupuesto incluye con el membrete de gastos de gestión social de los propios diputados, con un razonamiento impecable: ellos constituyen el Poder Legislativo, encargado de hacer las leyes y supervisar a los otros poderes, no para ejercer dinero alguno, pues esta función corresponde al Poder Ejecutivo, que, como su nombre lo indica, tiene la función de ejecutar, llevar a los hechos, los planes de gobierno y las obras que los acompañan.

Que desde hace muchos años el Poder Ejecutivo haya presupuestado una partida para gastos de gestión social de los diputados podría entenderse, en el mejor de los casos, como una interpretación errónea de la ley y del espíritu de la división de poderes. Pero también, en el peor de los casos, como un gesto más que generoso del gobernante hacia los representantes populares, en busca de tener una relación en los mejores términos, que suavisara el trato entre ambos y facilitara el trámite y el despacho de los asuntos de interés para el Ejecutivo.

Al parecer, la operación se ubicó casi siempre en la segunda posibilidad, lo cual dio como resultado un Congreso adocenado, a las órdenes del Ejecutivo, una farsa de separación de poderes.

Por supuesto, en una democracia republicana no se espera que el Congreso se ubique en el extremo opuesto, que se erija en camisa de fuerza del Ejecutivo hasta el punto de impedirle desempeñar las funciones que le asignan las leyes.

Por otro lado, es necesario reconocer que no parece que los diputados de la fracción mayoritaria del Congreso local –que en Guerrero constituyen la fuerza de oposición a la que ostenta el Poder Ejecutivo– estén en esta tesitura, a pesar de su inexperiencia, de su principismo y, en varios casos, de su obvia falta de lecturas y de reflexión.

Y eso ya es mucha ganancia. n