Picando piedra

Escrito por  Ene 05, 2019

Importante, sin duda, fue el encuentro sostenido por el gobernador, Héctor Astudillo Flores, con los responsables de la seguridad federal y las fuerzas armadas.

El jefe del Ejecutivo estatal ha puntualizado una y otra vez que sin el apoyo de la Federación no será posible abatir el problema de la violencia y la inseguridad en la entidad.

Relevantes fueron todos los temas abordados, pero entre ellos sobresalen dos que se han convertido en agudos dolores de cabeza para la administración estatal: la proliferación de las llamadas policías comunitarias y los desplazados por la violencia.

Visto está que ambas cuestiones han rebasado la capacidad de solución, debido a su magnitud.

Las policías comunitarias han surgido de un día a otro en todas las regiones de la entidad con el supuesto propósito de proteger a las poblaciones donde se forman, sin dejar de sorprender la rapidez con que se crean, así como la organización y la capacitación de que hacen gala para llevar a cabo sus objetivos, como el de cercar comunidades enteras e impedir a sus pobladores salir a comprar incluso víveres, como es el actual caso de Chilapa.

Reiterativo ha sido Astudillo Flores en que la mayoría de estos grupos responden a intereses ligados con la delincuencia organizada; por tanto, ha cuidado no intentar siquiera desarmarlos y someterlos al orden, argumentando los peligros que implicaría enfrentarlos.

Se ve en ello la decisión del mandatario de pedir el apoyo del gobierno federal y su insistencia en hacer hincapié en que Guerrero requiere de una estrategia específica para pacificarlo.

En cuanto a los desplazados, por demás está mencionar que, acosados por las amenazas de grupos armados, abandonan sus comunidades y donde llegan reclaman servicios básicos, que el gobierno no ha podido proporcionarles; de entrada los apoya con lo indispensable, pero después los abandona a su suerte.

La solución, desde luego, no estriba en satisfacer sus necesidades de alimentos, vivienda, medicina y demás, sino en proporcionarles seguridad en sus pueblos para que no salgan huyendo. Tampoco ha sido posible.

Por eso mismo, es de desear que el gobierno federal respalde al estatal con todo lo que haga falta para devolver a los guerrerenses la tranquilidad.

El gobernador hace ya lo que tiene que hacer; es de esperar que sea insistente, y que la Federación sea sensible y sepa corresponder al apoyo que en las elecciones le otorgaron los guerrerenses al Presidente. n