Temporada buena, a secas

Escrito por  Ene 04, 2019

Según postura de los estudiosos, de ninguna manera es recomendable deslizarse a los extremos en ninguna situación; hacerlo, sugieren, es colocarse en el plano del fanatismo, el radicalismo, que a nada constructivo conducen. Dicho en otras palabras: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

En consecuencia, conveniente es el término medio, siendo ahí donde radica el equilibrio y, por consiguiente, la clave del bienestar y la cercanía a la realidad.

La vida, pues, no es ni de blancos ni de negros, sino de medios tonos; por lo tanto, trasladarlo al tema que hoy nos ocupa valga decir que la temporada turística de fin de año en Guerrero no fue ni excelente ni pésima; fue sencillamente buena, calificativo que nadie podrá rebatir.

Fue un buen respiro para los guerrerenses. Todos.

Asegurar que fue magnífica aunque la ocupación hotelera ni siquiera el 1º de enero llegó a 100 por ciento, es acomodarse en el triunfalismo; afirmar que no sirvió porque el que vino fue un visitante de bajos recursos que traía ya sus alimentos preparados y sólo gastó en peaje, en hotel y en el súper, es ubicarse en el lado contrario del péndulo, en el plano del escepticismo, la negatividad, el de las ganas de ir siempre en contra.

La temporada, independientemente de que haya sido mérito o no del sector oficial, resultó buena porque los hoteles llegaron a estar, como el día uno, a 97.7 por ciento de ocupación, según cifra del gobierno; el hecho de que hayan estado en la entidad más de un millón de turistas significa que hubo derrama económica para prestadores de servicios turísticos, trabajadores y gobierno vía fisco, con repercusiones positivas para toda la población.

Es de tomar en cuenta, desde luego, la vigilancia establecida en la autopista y en la franja turística, así como todas las medidas de seguridad y de atención aplicadas por la autoridad. Ni duda cabe.

Ahora que atribuir a los juegos pirotécnicos la afluencia de visitantes, es colocarse en un terreno resbaloso con el riesgo de azotar contra la realidad.

Estuvieron muy bonitos, sí. Es cierto; mejor que los del año pasado. También es cierto, pero de eso a engañarse solo asegurando que la gente vino por admirarlos podría ser una falsedad.

Habrá que aplaudir del mismo modo el arribo del vuelo con visitantes canadienses. Esas son obras, no palabras.

Sin embargo, todo ello no quiere decir que la autoridad esté haciendo cuanto es su responsabilidad hacer.

Es de esperarse que los turisteros aprovechen la racha para mejorar sus instalaciones y que las partes dedicadas a atraer al paseante, vayan a fondo con actividades de promoción sobre todo en el extranjero y no se concrete a echarse flores con los paseantes de temporada y fin de Semana Santa.

Las actividades de promoción, el combate a la violencia y la creación de nuevos atractivos, siguen siendo materia pendiente. No hay razón para aplaudir hasta que enrojezcan las manos ni para apoltronarse en el sillón. Son tiempos de trabajo, esfuerzo, coordinación y creatividad. Es bueno cacarear el huevo, pero hay que alimentar a la gallina. n