Ni seguridad, ni justicia

Escrito por  Dic 29, 2018

El asesinato del turista suizo perpetrado este jueves en una vivienda cercana al Club de Golf y la incursión de hombres armados en la plaza comercial Diamante, donde asaltaron a custodios del Servicio Panamericano de traslado de valores, ayer, debería servir de señal a las autoridades para no vanagloriarse de su creencia de que la inseguridad ha decrecido.

Acapulco vuelve a colocarse en el ámbito internacional y no para dar a conocer su crecimiento como destino turístico, sino para proyectar la idea de que no es verdad que, como se ha afirmado oficialmente, el turista está seguro en el puerto.

Ninguna certeza existe de que hombres armados no correteen y maten a personas en las playas o no entren a algún restaurante o discoteca en servicio a balear a alguien. Esa es la verdad.

Nadie puede garantizar el respeto a la vida de nadie y, peor aun, tampoco nadie es capaz de investigar los asesinatos, detener a los agresores y someterlos a proceso. Nadie.

La Fiscalía General del Estado (FGE), que debería encargarse de ello, es una figura decorativa incapaz siquiera de resolver los problemas que tiene con sus trabajadores, inconformes por el incumplimiento de prestaciones laborales y la escasa paga salarial.

Ayer mismo, familiares y amigos de Jhonatan Romero Gil, desaparecido el 5 de diciembre pasado, bloquearon la Costera ante la falta de respuesta de la FGE respecto al paradero del joven.

Insisten en que fueron policías municipales los que se llevaron a Romero Gil junto con otro joven que luego apareció muerto. Sí, esos policías que, hace semanas, fueron detenidos por la Marina cuando se apoderó de la Secretaría de Seguridad Pública municipal, se los llevó bajo sospecha y luego los liberó, sujetos a investigación. Eso han dicho.

Los manifestantes reclaman a la Fiscalía su falta de trabajo y resultados, el mismo reclamo de familiares de Gabriel Soriano, locutor de RTG asesinado hace semanas, a pesar de que, horas después del asesinato, el fiscal les aseguró que ya tenían cercado al homicida.

Y así, todos los días mueren o desaparecen, en tanto la autoridad no tiene empacho en jactarse públicamente de que la violencia ya bajó. n