Trabajadores entre lo legal y lo legítimo

Escrito por  Dic 27, 2018

Que los operadores del transporte urbano de pasajeros –pesado, mediano o liviano– hayan cobrado por arriba de la tarifa autorizada durante la Noche Buena y parte de la Navidad es un hecho que, al menos en Acapulco, a nadie tomó por sorpresa, pues concesionarios y operadores han hecho casi ley de esa costumbre.

Los usuarios del transporte de esta ciudad saben que eso ocurre siempre en la víspera de Navidad y en la víspera de Año Nuevo, pues ha sido así durante muchos años. Es el procedimiento mediante el cual los trabajadores del transporte de pasajeros se procuran un ingreso extra que les permita afrontar los gastos de la cena, del brindis y de los otros agasajos y festejos de los que suele gozar el resto de la población.

Es una práctica no autorizada por ninguna instancia del gobierno; no está en la ley, ni en el reglamento, y es, por tanto, ilegal.

Pero no siempre lo ilegal es ilegítimo. Los trabajadores del trasnsporte de pasajeros deberían tener derecho formal a las prestaciones del resto de la fuerza de trabajo que opera en la formalidad. Ellos mismos operan en la formalidad por cuanto usufructúan una concesión dada por el gobierno que, al menos en teoría, cumple todos los requisitos de ley.

Sin embargo, no cuentan con esas prestaciones, debido a lo cual este tema ha sido y sigue siendo tarea pendiente de quienes hacen las leyes. Es el Poder Legislativo local la instancia gubernamental que debe idear o hallar la manera de completar la formalidad de los trabajadores del sector, quienes están tan desprotegidos como cualquier empleado que opera en la informalidad, a pesar de que deben ceñir su desempeño a los reglamentos de Transporte y de Tránsito.

No tienen seguridad social, no gozan de descansos, ni vacaciones pagadas, no acumulan antigüedad para hacerla válida en caso de despido, no les pagan aguinaldo ni al triple los días feriados, no les dan bono por productividad, no tienen patrón que aporte cuotas al Infonavit para que ellos pueden poseer una casa para su vejez. Tienen, a lo sumo, alguna caja de ahorro y un seguro mutualista –constituido uno en cada gremio o sitio– para protegerse de los gastos catastróficos que puede implicar un accidente vial. Pero no más.

Formalizarlos no debería significar un incremento de costos para los usuarios, pero aun cuando así fuera, siempre será preferible que el goce pleno de los derechos laborales de todos a costa de todos, que la exclusión de unos pocos mientras los demás pueden distrutar del fruto de su esfuerzo.

Y, quién sabe, tal vez estabilizando su situación laboral ellos retribuyan con buen servicio al usuario. n