Nuevo día

Escrito por  Dic 01, 2018

Hoy, con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, nace un nuevo día para Guerrero en el que prevalece, si no la esperanza de que se resuelvan todos los problemas de la entidad, sí la probabilidad de muchas mejoras.

A partir de hoy, López Obrador estará en condiciones legales de llevar a cabo acciones que corrijan vicios del pasado e impulsen al país, y a Guerrero, hacia nuevos derroteros en los que no aparezcan la inseguridad, la injusticia, ni la corrupción; figurando en cambio el crecimiento económico, así como la reducción de la pobreza, y con ello el bienestar de los mexicanos.

Las fallas del gobierno que hoy termina son tantas, que mucho es lo que Andrés Manuel López Obrador puede hacer para llevar a cabo un buen gobierno; no han faltado las críticas en cuanto a que su actuación como presidente electo ha generado sacudidas financieras y desconfianza entre inversionistas; no obstante, ha estado presto a tomar decisiones que hacen volver la tranquilidad.

Cometerá errores lo mismo que su gabinete, sin duda, pero es de esperarse que corrija el camino, aprenda y crezca; es verdad que las decisiones incorrectas causan los mismos efectos, así se tomen por inexperiencia que por deshonestidad, con la diferencia de que los inexpertos pueden mejorar su desempeño, en tanto los corruptos no tienen llenadera así hayan saqueado al país.

De entrada, dos grandes tareas urgentes tiene López Obrador en Guerrero: aclarar el caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos y devolver a la población la tranquilidad, resolviendo el problema de la violencia y la inseguridad.

La ausencia de justicia es otra losa que sobre los hombros llevan a cuestas hombres y mujeres de la entidad, sobre todo aquellos que por miles buscan por todas partes, sin la ayuda del gobierno, a sus familiares desaparecidos, al igual que quienes tocan puertas reclamando castigo para los asesinos de sus seres queridos, sin encontrar respuestas que no se traduzcan en engaños.

Por lo pronto, los guerrerenses respiran aire fresco y vislumbran en el horizonte la esperanza de una vida mejor, conscientes de que quien desde hoy dirigirá el destino del país no es un mesías que los conducirá hacia el paraíso y que tampoco es un ser perfecto que no incurrirá en errores, pero confían en que tendrá el corazón y la mente en su lugar para proporcionar a sus gobernados mejores niveles de existencia, mayores oportunidades de superación y la seguridad suficiente para vivir en paz. n