Arar en el desierto

Escrito por  Nov 27, 2018

En un estado donde en ocho de sus municipios se ha declarado la alerta de género, pero no se aplican los instrumentos con los que la misma se haga efectiva, las mujeres no tienen más armas que salir a las calles a demandar el cese de asesinatos de féminas y la detención y castigo para los culpables, además de acudir a la Fiscalía General del Estado (FGE), en la que hacen patente su impotencia clausurándola de manera simbólica.

Agrupaciones femeniles de diversas partes de la entidad no pasaron por alto el Día Internacional Para la Eliminación de la Violencia Contras las Mujeres.

Organizadas, unidas, salieron a la calle para expresar su indignación y su impotencia, ante la ola de asesinatos y la impunidad que arropa a los homicidas.

Si bien la conmemoración fue el día domingo, todavía ayer decenas de mujeres hicieron oír su voz en el mismo tono de protesta y exigencia.

En Atoyac, mujeres vestidas todas con playeras naranja, unas portando cruces, otras llevando carteles con consignas contra el maltrato psicológico, físico, económico, laboral y demás expresiones de violencia contra el género, marcharon por las calles de la cabecera municipal.

Con el mismo propósito y el mismo coraje, otro grupo recorrió calles de Taxco.

Susana Oviedo Bautista, coordinadora estatal de Comunidad Raíz Zubia, declaró que Guerrero se encuentra entre los cuatro estados del país con más violencia contra las mujeres, lo que demuestra, abundó, que la alerta de género que se decretó en varios municipios de la entidad no funciona.

En Chilpancingo, un comunicado emitido por una organización no gubernamental que adjudica la información al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación, afirma que Guerrero ocupa el primer lugar con la tasa más alta en muertes violentas de mujeres con presunción de feminicidio; menciona que de enero a septiembre de 2018 al menos 213 mujeres han sido asesinadas en el estado.

Para enfatizar la gravedad del problema, cita que la media nacional de feminicidios se estima en 0.95 casos por cada 100 mil habitantes; en Guerrero es de 2.3 por cada 100 mil habitantes.

Mientras tanto, la FGE guarda silencio y aguanta la retahíla de interminables reclamos. Ni rinde cuentas a nadie, ni nadie se las exige; constriñe su labor a abrir carpetas de investigación que nunca termina.

Las exigencias femeninas se estrellan contra un gobierno al que la violencia le ha quitado el sueño y sigue sin tener a su alcance los elementos para combatirla, sino que cifra sus esperanza de solución en el próximo gobierno federal.

Mientras tanto, los cuerpos de mujeres –lo mismo que los de hombres– siguen rodando impunemente en un concierto en el que la exigencia de respeto a la vida de unos y los lamentos, las promesas y las condenas de otros, nada pueden contra el mensaje mortal de las balas. n