El beneficio de la duda

Escrito por  Nov 21, 2018

A estas alturas es claro que la propuesta de López Obrador de constituir una nueva corporación, la Guardia Nacional, que supla a policías y militares en el combate al crimen organizado, no cuenta con las simpatías de conocedores del tema: desde la ONU hasta organizaciones de la sociedad civil han advertido del riesgo que puede implicar dar más participación a la milicia en la conducción de actividades propias de una corporación policiaca.

Sin embargo, si se le preguntara a la población del interior del país, la que habita las ciudades y las entidades asoladas por la actividad criminal de alto impacto, tal vez la respuesta sería en otro sentido: el de conceder el beneficio de la duda a la propuesta.

Esta población no es experta en temas constitucionales, ni en leyes, y sus opiniones, en ese sentido, no pueden ser comparadas con las de los conocedores y doctos de la ley. Pero sí es experta en algo: en ser víctima constante, directa o indirecta, de la actividad criminal.

A diferencia de la Ciudad de México, en el resto del país no hay un solo habitante que no haya experimentado en carne propia o por medio de algún conocido la violencia ciega e imponente del crimen organizado.

Y no hay manera de separar el problema en partes. No puede atacarse, por un lado, la extorsión y el cobro de piso –cometidos, por lo general, por sicarios temporalmente desempleados o que de ese modo se procuran de ingresos adicionales a los que les deja el homicidio de los rivales de sus patrones–, y por otro lado los delitos de alto impacto, cometidos por los núcleos mismos de los grupos criminales. Porque ambos están entrelazados en sus raíces.

Han transcurrido 12 años desde que Felipe Calderón decidió enfrentar a los criminales violentos con toda la fuerza del Estado, y aún no hay nada qué celebrar, y sí mucho que lamentar.

Es hora de probar otra solución. n