La crisis de la amapola

Escrito por  Nov 04, 2018

Sin lugar a dudas, la petición que hizo al Ejército este viernes el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, para que se abstenga de fumigar o de alguna otra manera destruir los plantíos de amapola en la sierra es una solicitud difícil.

Por un lado, el instituto armado tiene tareas y órdenes específicas que cumplir, señaladas en la Constitución del país, en las leyes y en los mandatos que recibe de su jefe supremo, el presidente de la República en turno.

Por otro lado, los campesinos afectados de la sierra de Guerrero tienen necesidades que cubrir, y no poseen mejor medio que la siembra y venta de amapola, pues otros productos les dejan incluso un menor margen de ganancia.

Pero la situación para ellos es cada vez más difícil y hace un buen tiempo que es desesperada.

De un tiempo a la fecha, los medios noticiosos están informando que la amapola va perdiendo terreno frente a un opioide sintético más poderoso y más barato: el fentanilo, potente analgésico y anestésico de uso originalmente médico. Es 50 veces más fuerte que la heroína y 100 veces más que la morfina.

Sintetizado por primera vez en 1960, es, sin embargo, de aparición más o menos reciente en el mercado de las drogas. Después de un fugaz debut en 2005, la droga volvió a circular hace cuatro años en las calles de Estados Unidos, donde las muertes por sobredosis se han quintuplicado desde que el fentanilo hizo su aparición, y muchas de las víctimas lo ingirieron sin siquiera saber que no era morfina lo que adquirieron en el mercado negro de las medicinas.

Por eso ahora están en dificultades los productores de amapola –la mayoría guerrerenses–, sus familias y sus comunidades.

Pero cuando no tenía que competir con el fentanilo, la amapola era el cultivo más codiciado, y esta codicia dio origen a guerras sangrientas entre cárteles por el mercado.

El campesino productor, sin embargo, siempre ha estado pobre; siempre ha sido la mano de obra barata de esa cadena comercial.

Hoy parece que la única salida a este problema es la despenalización que ya el PRI ha propuesto con formalidad en la Cámara de Senadores, sea que el gobierno la compre o supervise la compra hecha por laboratorios particulares, a fin de procesarla y obtener medicamentos de ella.

Pero, mientras eso ocurre, los campesinos tendrán que ingeniárselas para sobrevivir, pues el Ejército está presto a destruir sus sembradíos, y si esto no ocurriera, si lograran sacar adelante su producción de amapola, la paga que recibirán por ella será cada vez menor.

Ni para dónde hacerse. n