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Alerta de género

Escrito por  Oct 18, 2018

Es claro que la alerta de género, vigente en ocho municipios de la entidad, no está funcionando; el número de asesinatos de mujeres por razón de género –o evidentemente dedicadas a actividades lícitas– es prueba de ello.

También es claro que la solución de fondo es cultural y pasa por inculcar en toda la sociedad, hombres y mujeres –sobre todo en las nuevas generaciones, las que están en formación mental y emocional–, los valores que posibiliten una convivencia equilibrada y armoniosa, solidaria y respetuosa, entre todos los géneros. Pero no es sólo eso. Porque por más que el Estado se emplee a fondo en procurar en sus ciudadanos esa nueva mentalidad y esos valores esenciales para la vida en comunidad, siempre habrá antisociales inmunes a todo valor, o perturbados obsesionados con el deseo de hacer daño y causar dolor.

En estos casos la autoridad tiene que adoptar su rol coercitivo y hacer uso del legítimo monopolio de la fuerza que le ha confiado la sociedad.

¿Cuánto de ambas tareas están haciendo las autoridades? Los recientes asesinatos de mujeres parecen indicar que poco o nada.

Si al final del gobierno de Enrique Peña Nieto los índices delictivos se dispararon en términos generales, no se debe a una situación fortuita, sino que es consecuencia de políticas públicas específicas, de su deficiencia o de su ausencia. Hoy que claro que en cuanto Peña Nieto arribó a la Presidencia de la República su gobierno desmontó mecanismos, sistemas y protocolos de seguridad pública, como los números telefónicos para denuncias anónimas, por ejemplo; y no hubo avances en prácticamente ningún aspecto de ese rubro.

Así, por ejemplo, nunca se hizo realidad el proyecto de un registro nacional de huellas dactilares de personas procesadas; no hay un registro nacional genético de las víctimas de violencia, ni se les aplica el protocolo (por eso están las morgues del país rebosantes de cadáveres); no se impulsó la búsqueda de desaparecidos, ni de fosas clandestinas (lo que se ha avanzado al respecto ha sido gracias a la presión y al trabajo de los familiares); las redes de videovigilancia de todas las ciudades operan con serias limitaciones.

Tampoco hubo ninguna intención seria de frenar el paso de armas desde Estados Unidos.

Resolver estas deficiencias no requiere de una nueva mentalidad de la población, sino voluntad política de las autoridades y algo de presupuesto que, dada la importancia estratégica de las medidas, ningún congreso del país habría negado.

La estrategia de Peña Nieto contra el crimen consistió básicamente en aliviar la presión que sobre él ejercía el gobierno de Felipe Calderón, con la dudosa esperanza de que, a menos persecución, menos violencia.

Pero, ahora queda muy claro, ese fue un camino equivocado. n