Apertura militar

Escrito por  Sep 24, 2018

Más de 325 vecinos del municipio de Atoyac visitaron este domingo el cuartel del 109 batallón de infantería del Ejército, asentado en El Ticuí –poblado muy cercano a la cabecera–, abierto por segundo año consecutivo al público, y tuvieron oportunidad de convivir con los soldados y de conocer las instalaciones y los equipos militares.

Nadie lo habría previsto hace 45 años, cuando Atoyac era el principal teatro de operaciones de las fuerzas armadas de México durante el periodo ominoso que ahora es conocido como la guerra sucia, cuando todas las fuerzas del Estado mexicano, principalmente el Ejército, estaban ocupadas en perseguir, aterrorizar, martirizar y, en general, hacer la vida imposible a la población civil, en el afán de cortar las líneas de suministro a la guerrilla dirigida por Lucio Cabañas Barrientos y encaramada en la sierra de ese municipio, así como los vasos comunicantes entre el grupo insurgente y la comunidad.

La guerra sucia dejó honda huella en México, en particular en Guerrero, pero, sobre todo, en el municipio de Atoyac, donde se cebó el odio y el celo represivo de aquel régimen, con saldo de 219 desaparecidos, militantes del Partido de los Pobres, según cifras de la Dirección General de Asuntos Juridicos de la PGR, si bien otras fuentes, también oficiales, cifran a esas víctimas en más de mil en todo el estado.

Pero al cabo de cuatro décadas de esos sucesos, la apertura que promovió el gobierno de Felipe Calderón entre las fuerzas armadas y la opinión pública –para que la población aceptara de buen grado la militarización del país en la guerra contra el crimen organizado– ya rinde frutos, si bien los militares de hoy no son los de entonces.

Así, se diluye cada día más la posibilidad de someter a juicio a los militares que cometieron crímenes de lesa humanidad durante la guerra sucia. n