Doble rasero

Escrito por  Sep 11, 2018

Allá por julio, cuando la basura había rebasado la capacidad de respuesta del ayuntamiento de Chilpancingo encabezado por Marco Antonio Leyva Mena, el gobierno del estado le entró al rescate destinando camiones para la recolección de los desechos.

El problema, atribuido a la poca habilidad política del primer edil para solucionarlo, no desapareció efectivamente, pero lo resaltable aquí es que la administración estatal encabezada por Héctor Astudillo Flores le entró al quite.

Insistentes versiones corrieron en los mentideros políticos de que alcalde y gobernador estaban distanciados; Leyva Mena se encargó de fortalecer los comentarios emitiendo declaraciones públicas en las que quedaba de manifiesto, efectivamente, el distanciamiento de ambos gobernantes.

El pasado 30 de agosto, el titular de la Secretaría de Salud en Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, decretó emergencia sanitaria en Acapulco, por “la acumulación impresionante” de basura en diversos puntos del puerto y multó al ayuntamiento con más de 300 mil pesos por no haber ejecutado acciones de recolección de los desechos sólidos.

El gobierno estatal no movió un dedo para rescatar al puerto de esta situación, apenas si desplazó a su personal para que, en algunos casos, arrojara cal a los montones de basura.

Llovieron en redes sociales los reproches al estado en el sentido de que debió haber pensado en el daño que causaría turísticamente al puerto y que mejor habría sido que lo apoyara enviándole camiones, como lo hizo con Chilpancingo.

A estas alturas, las quejas de la alcaldía porteña de que el gobierno estatal le estaba creando problemas sin razón, ni sustento, menudeaban en los medios.

Lo acusó de manera insistente de que, debido a la emergencia “que no tenía razón de ser”, muchos visitantes estaban cancelando reservaciones en las hospederías.

Chilpancingo, es verdad, es la capital política de Guerrero, la cabecera más relevante por esa razón; Acapulco es el municipio económicamente más importante de la entidad; es el que en buena medida suministra los recursos a las arcas de la entidad. Se entiende la intervención estatal en el caso de Chilpancingo; lo que no se entiende es la indiferencia hacia Acapulco; lo que no se explica es el doble rasero.

No queda ahí: trabajadores de Coagua llevan más de 10 días en paro en reclamo de prestaciones laborales y pago de salarios devengados; durante ese lapso, la escasez de agua se ha recrudecido en el puerto, y ha obligado a usuarios a bloquear vías de comunicación en exigencia del líquido.

La alcaldía ha demostrado su incapacidad para resolver el conflicto; el gobierno estatal mantiene su indiferencia, abandonando, otra vez, a los sedientos acapulqueños. n