Violencia y caos, parte de la cotidianidad

Escrito por  Ago 28, 2018

La población no sólo se va habituando poco a poco a la violencia y a la inseguridad, sino también al caos; la situación anárquica generada por grupos de inconformes que, en busca de satisfactores de sus necesidades, recurren a medidas de presión que trastornan la vida pública.

Ya es parte de la cotidianidad el hecho de que a cualquier hora del día o la noche ocurra una balacera, lo mismo en la calle que en un espacio cerrado. Más curiosa que asustada, la gente sale a ver qué pasó y dónde.

A la violencia se suma el desorden creado día a día por personas inconformes, que reclaman al gobierno uno u otro cumplimiento.

Ayer, por citar el ejemplo más fresco, productores del ejido de Zacualpan cerraron la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo para exigir al gobierno municipal la entrega del fertilizante.

Habitantes del municipio de Copala bloquearon la autopista del Sol en Chilpancingo para exigir a las autoridades solución a la falta de docentes en la secundaria Otilio Montaño; padres de familia de las zonas escolares mixteca, tlapaneca y nahua bloquearon la carretera federal para exigir al gobierno del estado más de 120 profesores para escuelas de zonas indígenas.

Estudiantes de la Escuela Superior de Educación Física (Esef) tomaron la caseta de peaje La Venta, en la autopista del Sol, durante unas dos horas para exigir que a los 30 estudiantes egresados de la generación 2014-2018, que aprobaron el examen de ingreso al servicio profesional docente, el cual aplicaron el 3 de junio, les sean entregados los nombramientos correspondientes.

Trabajadores sindicalizados de la Coagua protestaron y bloquearon la avenida Costera en demanda de solución a problemas laborables.

Y así como cotidianos son los conflictos de unos demandando el respeto a sus derechos violando los derechos de otros,  así las autoridades han asumido como un estilo de gobierno el desoír los problemas o suavizarlos con promesas que luego resultan mentiras, con lo cual dan paso a más desórdenes.

No pueden con la inseguridad y la violencia, como tampoco son capaces de resolver problemas administrativos, pero sí profundizan cada día el vacío de autoridad. n