El destino de los dictadores

Escrito por  Ago 26, 2018

El gobierno español del socialista Pedro Sánchez aprobó este viernes la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco, sepultado en el Valle de los Caídos, donde ha ocupado una tumba de Estado desde días después de su muerte, que ocurrió el 20 de noviembre de 1975.

Si tal decreto resiste los alegatos de los descendientes del dictador, estos deberán sepultar sus restos donde consideren conveniente, pero en un cementerio ordinario. “Un dictador no puede tener una tumba de Estado en una democracia consolidada. Eso es incompatible y no podía ser por más tiempo así”, explicó la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo.

Así, en el ostracismo, es como terminan los dictadores del signo que sean. Algunos, como Francisco Franco o Augusto Pinochet, mueren en su lecho, reconfortados por los santos óleos y otros auxilios espirituales suministrados por algún cura de ultraderecha, pero la historia no los absolverá, ni la memoria los dejará en paz nunca.

En el caso del dictador chileno, el declive comenzó cuando el plebiscito del 5 de octubre de 1988 le dijo no a sus intenciones de quedarse en el poder. Luego vino su detención en Londres, territorio de la Comunidad Europea, 10 años después. Hace unos días la Suprema Corte de Justicia de Chile determinó que sus bienes –es un decir– no pueden ser gozados por sus herederos, sino devueltos al Estado porque son producto de malversación de fondos.

Por lo que respecta al español, sólo hay que recordar que no dudó en dar permiso a Hitler para que probara sus aviones bombarderos de reciente fabricación en Guernica, sólo como un ensayo para perfeccionarlos antes de hacerle la guerra a sus vecinos.

Otros dictadores no tuvieron tanta suerte, y murieron destrozados por alguna bomba en algún sitio remoto a aquel donde cometieron sus crímenes, o acabaron pudriéndose en alguna cárcel años después de que terminó su reinado de terror y se restituyó la legalidad y la inteligencia.

Hitler se suicidó luego de asesinar a su amante, Eva Braun, y en seguida los cadáveres de ambos fueron quemados con gasolina en algún oscuro sótano del Reichstag; Benito Mussolini fue apresado cuando huía y sometido a una muerte vergonzosa, pero quizá no tan dolorosa como la que él infligió a sus víctimas.

Porfirio Díaz finalizó su vida lejos de la tierra que lo vio nacer y que luego lo defenestró. n