La nueva centralización

Escrito por  Sep 14, 2017

Las circunstancias en las cuales se produce la renuncia de Marisela Reyes Reyes al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del estado (IEPC) no constituyen el único escándalo que se ha producido en ese organismo estatal. Como es ampliamente sabido, la hasta este martes funcionaria estatal era objeto de un procedimiento del INE por nepotismo, además de que en el ámbito local se le cuestionaba la abultada suma monetaria que percibía por desempeñar el cargo.

El 24 de junio de 2014, el INE tomó la rectoría del IEPC. Sucedió como con otros organismos que una vez fueron federales, y luego, a consecuencia de la constante demanda de descentralizar la política y desconcentrar las funciones de gobierno, pasaron a la jurisdicción estatal.

Ese proceso fue empujado por una nueva concepción de federalismo que se extendió por todo el país a la par que la nueva conciencia política que a su vez dio pie a reformas político-electorales de gran calado.

Pero ha debido revertirse a la luz de los resultados de la descentralización-desconcentración, porque, en palabras populares, resultó peor el remedio que la enfermedad.


Así sucedió, por ejemplo, con el manejo de la nómina de la Secretaría de Educación, que llegó a estar en manos del estado, pero acabó por volver a la Federación debido al enorme desbarajuste y al abismo financiero generado por los administradores estatales.

También así sucedió en el sector salud, donde los gobernantes locales crearon miles de plazas sin techo presupuestal, sólo para salir del paso a compromisos y urgencias personales o de grupo político, o necesidades financieras imperiosas de los gobernantes o allegados suyos.

Este proceso de reversión muestra a las claras que cuando ocurrió la descentralización-desconcentración no había las condiciones, sobre todo subjetivas, que permitieran sostener y profundizar esa medida. Resultó una decisión voluntarista, tomada por un gobierno federal acicateado por el arrollador vendaval democrático que se liberó en el histórico proceso electoral de 1988.

Este vigor, sin embargo, con los años se fue apaciguando, y las fuerzas que pudieron servir de contrapeso a los gobernadores se apagaron. Así, éstos acabaron siendo los beneficiarios de esa descentralización del poder que antes estuvo en manos del presidente de la República. Se convirtieron, pues en los nuevos señores feudales de este país.

Su poder se desbordó ante la falta de contrapesos, institucionales o de facto, y ante la inmadurez de la sociedad civil del estado, presta para la movilización, pero incapaz de ir más allá. n