Regalo para el Día del Niño

Escrito por  Abr 22, 2021

Resulta condenable, efectivamente, la pretensión de hacer marchar a niños armados en la región de La Montaña.

Es cierto que, así sea con el consentimiento de los padres, el Congreso Indígena Popular de Guerrero Emiliano-Zapata (Cipog-EZ) y la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias del Estado de Guerrero Pueblos Fundadores (Crac-PF) violan así los derechos de los menores, cuyos progenitores incurren en la misma falta.

Aunque los niños actuaran por voluntad propia, el hecho no exonera a los impulsores del movimiento, porque los pequeños no están en condiciones aún de tomar decisiones de esa naturaleza.

Todo eso es cierto, pero no menos cierto es que el gobierno tiene la responsabilidad de proporcionar a los ciudadanos determinados satisfactores, entre los que sobresalen la educación, la atención médica y la seguridad.

Visto así, pareciera que en La Montaña están actuando al margen de la ley, pero pareciera del mismo modo que el gobierno no puede ufanarse de estarla cumpliendo.

Ni La Montaña respeta, ni la autoridad cumple.

Y ahí está el meollo del conflicto.

Y es que no se trata de que, si el chamaco suelta el llanto, hay que darle la mamila en automático.

Habrá que revisarlo: verificar si tiene hambre y alimentarlo si es el caso; llevarlo al médico si está enfermo; cambiarle el pañal si está orinado o si ya defecó; y si después de todo eso insiste en llorar, podría interpretarse como probable chantaje y entonces habrá que regañarlo y reprenderlo si es preciso.

En el caso que nos ocupa, en cuanto se percata de la convocatoria a que los niños marchen armados, la autoridad puntualmente condena y repudia, sin antes percararse de si Cipog-EZ y Crac-PC tienen razón en sus reclamos.

¿Ya enviaron a los pueblos los docentes prometidos? ¿Les construyeron las viviendas ofrecidas hace 15 meses? ¿Atendieron ya a los desplazados por la violencia? ¿Desterraron ya a los grupos criminales?

Alguien debería investigar, y si lo prometido ya se cumplió, preciso sería castigar a los manipuladores de niños; y si no se ha hecho, necesario es honrar la palabra gubernamental.

Si el chamaco está satisfecho, sano y bien cuidado, no tiene por qué dar lata.

Porque así como se ve la situación, si los líderes comunitarios merecen la repulsa, la autoridad –del nivel que sea– no merece precisamente el aplauso. n