Control de precios

Escrito por  Abr 22, 2021

La pérdida en Tecpan de al menos 5 mil hectáreas de mango en la región de los sanluises y la previsible pérdida de más de 500 hectáreas de plátano y papaya, a consecuencia de la sequía que este año ha afectado de manera más aguda que otros a extensas zonas del territorio nacional, es un ejemplo de cómo el control de precios no es más que una quimera.

Hay quienes desde la izquierda –la nueva izquierda mexicana, bien valdría precisar– pregonan esta medida como solución al problema de la inflación que a ratos asoma la cabeza en la nebulosa perspectiva del país en lo que a economía respecta. Muchos de ellos no son, por cierto, ciudadanos de a pie, sino que ocupan posiciones estratégicas en cuanto a foro, capacidad comunicativa y toma de decisiones, como el ser legisladores, federales o locales.

Pero esa receta ya ha sido aplicada, no sólo en México; también en muchos países que siguieron la ruta de la intervención determinante del Estado en la economía nacional. Y todas las veces que se le aplicó, el resultado fue un fiasco. No por nada –entre otras causas, por supuesto– se desintegró la más poderosa de las naciones del socialismo real: la Unión Soviética, y no por nada la China posterior a Mao Tse Tung decidió abrir su economía al mercado, si bien con robusta planificación estatal.

En el caso de los productores guerrerenses de los tres frutos mencionados, casi está de más explicar que ellos no tienen ningún control sobre el clima; si sobreviene una sequía tan aguda como la que ahora los aqueja, es casi seguro que perderán su cosecha o gran parte de ella. Y a la escasez seguirá la carestía, como bien saben los comerciantes y los compradores consuetudinarios, como las amas de casa: cuando un producto escasea sube de precio.

Un gobierno que se proponga mantener los precios tendría que intervenir con subsidios, tan onerosos como grave sea el descalabro de los productores. Pero ese dinero –lo sabe todo mundo, si bien a veces lo olvida– lo aportan los contribuyentes, los que pagan impuestos, es decir la generalidad de los ciudadanos, de manera que son ellos quienes acaban pagando el nuevo precio de los productos encarecidos. De algún bolsillo tiene que salir el dinero. n