Realidad que se impone

Escrito por  Mar 26, 2021

Si bien es cierto que la positividad es valorada como una gran virtud en el crecimiento humano, que tiende a ver el lado bueno de cada situación o circunstancia que se presenta en la vida, no menos cierto es que también constituye una actitud que deberá estar sostenida en la realidad para que sea viable.

Si no es así, no pasa de ser un deseo convertido en un castillo construido en el aire que, ante la primera ventisca, cae desmoronado.

Así, si se hablara de querer suprimir la pobreza sin destinar presupuesto para ello o sin armar programas que conlleven a lograr este objetivo, por ejemplo, sencillamente no funcionaría.

Viene al caso la expresión del secretario de Turismo federal, Miguel Torruco Marqués, al inaugurar el Tianguis Turístico: “La actividad turística saldrá fortalecida de la crisis ocasionada por la pandemia del Covid-19”.

Como buena intención, un deseo positivo, pasa la prueba, pero no como un hecho probable porque el funcionario no dio soporte a sus palabras.

¿Por qué habría de creérsele si no presentó programa alguno? ¿En qué fundamentó su anuncio?

Torruco Marqués se ha distinguido como un funcionario gris, sin luces, que nada ha hecho por Guerrero.

En el Tianguis centró su discurso en la digitalización de la actividad turística; apuntó que la digitalización del sector es ya una realidad, y se verá reforzada con nuevas estrategias promocionales, “las cuales serán lanzadas una vez que se normalice la situación sanitaria en el mundo”.

¿Y cuándo será eso si no se sabe cuándo terminará la pandemia?

Ni un oasis se otea en el desierto.

Habrá que recordar sus declaraciones del 19 de abril de 2019: “Acapulco se prepara para un gran despegue en materia turística”.

Mencionó como fundamental rehabilitar el Centro de Convenciones de Acapulco; incluso, aseguró que había ya interesados en invertir en el remozamiento de la instalación.

El anuncio, en esa ocasión, estaba cimentado pero sobre la arena, afianzado con pura hojarasca: se desmoronó.

Se fue a pique.

Transcurridos dos años y meses del gobierno federal, los planes quedaron convertidos en palabrerío propio de los demagogos.

Ni el gobierno federal, ni el gobierno estatal, ni el gobierno municipal, meten mano en el sector como no sea para pronunciar floridos discursos impregnados de positividad y un futuro halagüeño, que se estrellan contra la realidad.

Todos dicen trabajar, pero no hay resultados. n