Exceso preferible

Escrito por  Feb 08, 2021

Uno de los enunciados más citados del filósofo italiano Umberto Eco –que en unos días cumplirá su quinto aniversario luctuoso– plantea que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

La cita viene a colación por la revelación que hizo ayer el subdelegado federal en la zona Norte de Guerrero, Socorro Peralta Nava: que hasta 30 por ciento de los adultos mayores que habitan en esa región del estado han manifestado su deseo de no ser vacunados contra el Covid-19. Entre las razones que han esgrimido en sus respuestas en el censo que el gobierno federal levanta para preparar el listado de candidatos a ser inoculados está –por increíble que parezca– que piensan que la vacuna contiene un microchip que les sería implantado para controlarlos por medio de Internet.

La mentira del microchip –así como otras del calibre de la reconfiguración genética de los individuos vacunados– se difundió gracias a Internet y a las redes sociales, y como muchas teorías de conspiración, tiene miles de seguidores que la defienden con todo entusiasmo y con todo tipo de argumentos.

Hallar la solución al problema que implica la influencia indeseable –y tal vez indebida– de unos cuantos sobre amplios sectores de la población no será tarea fácil ni libre de suspicacias, según se prevé.

Hay quienes proponen que sea el gobierno el que regule lo que se publica en redes sociales, en vez de que sean las empresas creadoras y hasta hoy controladoras de esos recursos (de hecho, el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, prepara una iniciativa al respecto). Y, por otro lado, hay quienes advierten del riesgo que una decisión así podría significar para la libertad de expresión y para el resguardo adecuado de los datos personales de los usuarios.

Pero hay también quienes opinan que, tratándose de libertades, son preferibles los excesos sobre las carencias. n