Entre lo absurdo y lo grotesco

Escrito por  Feb 01, 2021

La vida de los guerrerenses parece girar sobre dos temas medulares: el coronavirus y la política electoral, pero sobre todo en torno al primero, que ha arrebatado la atención a los políticos, cuyos estrategas muy entretenidos deben estar ideando maneras de atraer la atención de los electores.

Ayer, el gobernador Héctor Astudillo Flores dio a conocer que en el primer mes del año murieron 670 personas a causa del Covid-19; la situación se volvió a complicar, expresó.

El día 28, al declararse el semáforo rojo, Carlos de la Peña Pintos, secretario de Salud estatal, informó que el estado está en “un riesgo máximo”, como si la situación no pudiera empeorar.

¿Qué le sigue a máximo?

Las cifras son del sector Salud, pero si el gobierno tuviera que basarse en los datos del Inegi, que reporta 45 por ciento más muertes que las autoridades sanitarias, ¿cómo calificaría la situación?

Cuando la epidemia se manejaba por fases, optaron por cambiar el sistema con el evidente propósito de maquillarlo; se había llegado ya a la fase tres.

Después pudo haber seguido la cuatro, con medidas más severas y peores consecuencias en todos los órdenes.

Ahora, con los semáforos, se alcanzó el rojo, como si fuera el de mayor peligro y consecuencias más demoledoras.

Es deseable que cambie a naranja, pero si aumentaran contagios, hospitalizaciones y defunciones, ¿qué seguiría?

¿El rojo es el tope?

¿Ajustarán el sistema de medición?

¿Qué continuará ahora?

Ya con 11 meses de experiencia, los médicos siguen dando palos de ciego sobre medidas preventivas contra el virus, cuando no se conoce aún qué lo provoca.

¿Cómo recetar sin conocer un mal?

El gobierno, por su parte, decreta medidas cuyo cumplimiento escapa a sus manos y cuya incapacidad de hacerlas respetar, ni siquiera en su sector, es clara e irrefutable.

Este jueves, presentaron el uso del cubrebocas como obligatorio, cuando el gobernador lo decretó así a partir del lunes 15 de junio.

El colmo del absurdo está expuesto en el anuncio de que, al volver al rojo, se reducirá la movilidad a partir de las 12 de la noche y hasta las 6 de la mañana: no deberá haber circulación de personas y vehículos.

¿Qué movilidad hay a esas horas, que prácticamente están muertas?¿El transporte público deberá dar servicio a la mitad de su capacidad?

Habrá que echarle un vistazo al Acabús, cuyas unidades circulan repletas y ya ni gel aplican al usuario.

¿Y los colectivos?

Igual o peor.

Sobre todo en la parte delantera, donde viajan dos, más el chofer, uno de cuyos ocupantes prácticamente va sobre las piernas del otro.

¿Así quieren limitar la pandemia? n