¿Mejor poco que nada?

Escrito por  Sep 08, 2020

A 15 días de haber comenzado el ciclo escolar 2020-2021 no amaina la lluvia de quejas y acusaciones por la falta de herramientas digitales y el servicio de Internet, lo mismo en las ciudades que en las comunidades de las regiones de la entidad.

Las mismas autoridades reconocen el problema y están conscientes de que las clases a distancia no rendirán el mejor de los frutos; si las presenciales distaban una enormidad de rendir los resultados convenientes, el nuevo sistema resulta peor.

Entre las modificaciones que incluye el programa está el papel de los padres de familia.

En el sistema tradicional la mayoría deja la total responsabilidad de la educación de sus hijos a los docentes; ahora tienen ellos, los padres, el papel central al tener que supervisarlos, auxiliarlos y acompañarlos.

¿Cuántos estarán dispuestos a hacerlo?

¿Cuántos estarán en condiciones de cumplir?

Habrá que esperar el final para evaluar el aprovechamiento.

El secretario de Educación, Arturo Salgado Urióstegui, aceptó ayer, por si hiciera falta, que el nivel de educación no es igual con las clases presenciales que con las impartidas a distancia, pero “es mejor poco a nada”.

Difícil debió haber sido la disyuntiva del gobierno en el sentido de optar por las clases a distancia o suspender el ciclo escolar.

Tomada la decisión ya conocida, más conveniente y menos perjudicial sería que todos los reacios abandonaran ya su postura quejumbrosa y se sumaran en un solo esfuerzo para sacar el mejor provecho de la enseñanza.

Dice el sabio que lo único seguro que hay en la vida es el cambio: lo que ayer fue hoy ya no es, y lo que hoy es mañana no lo será más.

En este escenario, no hay más opción que adaptarse al cambio y enfrentarlo de la mejor manera, en vez de gastar energía en lamentaciones y críticas estériles.

Las circunstancias han cambiado, y salir adelante con el mayor beneficio o el menor perjuicio –según se vea– dependerá de la actitud que autoridades, profesores, padres de familia y alumnos asuman para encararlas.

El desafío que tendrá que enfrentar la autoridad durante el ciclo educativo será el de subsanar en la medida de lo posible los inconvenientes que presenta el nuevo sistema de enseñanza y planear desde ahora la manera en que recuperen el tiempo los educandos que no pudieron aprovechar las clases.

Titánica será esta labor, sobre todo si se toma en cuenta los conflictos laborales que tienen en jaque a la Secretaría de Educación Guerrero (SEG), dependencia que en los últimos sexenios se ha caracterizado por ser una de las secretarías del gobierno estatal con más problemas laborales, deficiencias y corruptelas.

Definitivamente, la SEG no se encuentra en su mejor momento –en realidad nunca lo ha estado– para sacar avante la educación; las condiciones tecnológicas no son las óptimas; los docentes mantienen su postura de oponerse a todo y criticar, y entre los padres reina la confusión, el desconcierto, sin lograr dar crédito a lo que están viviendo.

Salir de la encrucijada dependerá de la manera en que todos se conduzcan, en el entendido de que, así sea la mejor, desde ahora se vislumbra un ciclo escolar fallido, validando tal vez la expresión del secretario de Educación:  “es mejor poco a nada”. n