La antesala de la catástrofe

Escrito por  Ago 24, 2020

En plena pandemia, comienza hoy el ciclo escolar virtual para prescolar, primaria y secundaria, hecho que constituye un reto para autoridades educativas, maestros de grupo, alumnos y padres de familia.

De los resultados del pasado año lectivo, cuyas clases presenciales se suspendieron a fines de marzo, poco o nada se sabe.

Sí se conoce que no hubo reprobados, pero se ignora el grado de aprovechamiento habido por medio de las clases a distancia, que se desarrollaron entre el desconcierto y desconocimiento lo mismo de maestros que de alumnos y padres.

Se sabe también de la apatía de los estudiantes e incluso de sus padres, sobre todo de aquellos que dejan toda la responsabilidad a los docentes en tanto ellos se dedican a sus actividades cotidianas.

Ahora bien, si en clases presenciales, estando bajo la vigilancia y supervisión de los profesores, los alumnos presentan bajo nivel de conocimiento, no cuesta mucho imaginar cómo se desenvolverán en las clases a distancia.

Aquí, la responsabilidad básicamente descansará en los padres, bajo cuya supervisión estudiará el alumnado.

Bien podría el mentor cumplir con la mayor eficiencia y disposición su trabajo, pero si los padres no se involucran y asumen lo que les toca de responsabilidad, la educación terminará siendo un desastre.

Si de por sí vamos mal, peor estaremos.

En alguna ocasión, cuando reclamaron a un rector de la UAGro el bajo nivel de preparación de los egresados de sus aulas, rápido se defendió: los muchachos ya vienen mal. Desde primaria salen con bajo rendimiento.

Hay razón.

La universidad no se encargará de corregir fallas e insuficiencias que arrastren los chicos.

Cada quien, cada nivel, tiene que asumir su responsabilidad y cumplir su trabajo, un trabajo cuyos resultados no dependen sólo de los maestros e incluso ni siquiera de los alumnos nada más, sino también de los padres de familia.

No es ésta una tarea de uno ni de dos, sino de tres partes. Y si una sola falla, las otras dos también se irán a pique, y darán como consecuencia un conocimiento mediocre.

¿Cómo es posible que un niño de sexto año no sepa la tabla del 2 ni elaborar una resta de un solo dígito?

A alguien debería avergonzar tanto desconocimiento.

¿Cómo puede ser que haya egresados de la carrera de periodismo, por ejemplo, que no sepan las reglas de acentuación, que debieron aprender en primaria?

Pues sí lo es.

Y ahora, sin la vigilancia personal del profesor, no es de pensarse que la situación pueda mejorar. n