Los lastres de la modernidad

Escrito por  Jul 28, 2020

Quedó atrás aquella sentencia periodística que se hacía escuchar en las redacciones de los periódicos cuando de evaluar y clasificar la información se trataba: no des dos veces seguidas como nota principal algo sobre el mismo tema, porque ya no levanta.

Así, tras la principal de un día, el seguimiento pasaba a segunda posición en primera plana para finalmente morir en páginas interiores en los días siguientes.

Parecen perder vigencia las lecciones de los viejos maestros del periodismo que ilustraban a sus discípulos: cada día el periódico, sin perder su estilo y formato, debe ser un diario nuevo, con noticias frescas y esquema diferente.

Que la edición de hoy no se parezca a la de ayer.

Siempre diferente. Fresco. Llamativo. Equilibrado, además de veraz y objetivo.

En los últimos años han ocurrido sucesos que, sin perder un ápice de interés, han permanecido como nota principal de primera plana durante días, semanas y meses.

Uno de ellos, la violencia que ha cimbrado al estado.

Hablar de la comisión de 707 homicidios en la entidad en los primeros seis meses de este año, suena a mucho; decir en cambio que hubo un promedio diario de 3.8 asesinatos, suena a poquitos.

Desde luego, después del reguero de cadáveres descabezados por la ciudad, los descuartizados metidos en bolsas de plástico, los colgados en los puentes y los enfrentamientos ya sea en la noche o en el día con muertos y carros incendiados después del 2000, lo que ocurre actualmente aparenta ser peccata minuta.

Del pánico, el terror y el drama, la población pasó a la indiferencia.

La violencia no ha cesado y con que haya decrecido, la gente ve la situación como algo normal.

La delincuencia, con su cauda de asesinatos, secuestros y extorsiones, se normalizó, pues.

Ya forma parte de la vida cotidiana. Y si los diferentes sectores de la población no brincan mucho, tampoco el gobierno hace mucho por combatirla.

Algo muy impactante debe ocurrir para salir del letargo a que permanece sujeto el conglomerado.

En la actualidad, desde marzo pasado, la nota principal cambió de espacio en las redacciones. Ahora, día tras día, la pandemia del Covid-19 ha sido el tema predilecto para el sitio de honor.

El ascenso en contagios, hospitalizaciones y defunciones, ha estremecido a los guerrerenses -al país y al mundo entero-, pero sobre todo a Iguala, Chilpancingo, Taxco y Acapulco.

Pero con la vuelta a la actividad económica, la gente abandonó el encierro y se echó a las calles sin asumir mayores medidas, los contagios aumentan cada día igual que las hospitalizaciones y los muertos, pero la gente lo está tomando ya como algo normal.

El Covid-19 sigue presente en las primeras planas, pero no pocas veces es desplazado ya por otras noticias.

Tiende, pues, a normalizarse como la violencia.

En las elecciones recientes, los candidatos se regocijaron ofreciendo un variado menú de soluciones a la inseguridad; ahora buscan la forma de explotar la pandemia. Ingenio habrán de necesitar.

Expertos recalcaban en su momento las consecuencias sicológicas destructivas que dejaba la violencia; hoy son los resultados del confinamiento los que resaltan aquí y allá.

Todo indica que delincuencia y Covid-19 seguirán evidentemente como huéspedes indeseables por tiempo no determinado.

Y después ¿qué seguirá?

¿Qué filón viene para los medios de comunicación y para que lo oferten los políticos prestos a saltar a la arena a batirse por los puestos de elección popular? n