Capama, un hueso duro pero delicioso

Escrito por  Jul 15, 2020

No se sabe si la alcaldesa de Acapulco, Adela Román, cumplirá su decisión de separar del cargo al cuerpo directivo de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Acapulco (Capama) a raíz de las descargas de aguas negras hacia la bahía, o sólo quiere acalambrarlo para que ahora sí dé resultados.

Tampoco se sabe si la Comisión Nacional del Agua (Conagua) dará seguimiento a la denuncia que presentó por el vertimiento al mar en playa Icacos, o sólo quiere poner contra las cuerdas a la Capama.

Lo que sí se sabe es que ya es tiempo de que el Ayuntamiento meta orden en la administración de la paramunicipal, que ya parece tener como política defraudar a los consumidores de agua al cobrarles y no darles el servicio.

No puede interpretarse de otra manera mas que como una burla sangrienta, el hecho de que, estando la pandemia del Covid-19 en todo su esplendor, la autoridad insista a los porteños en lavarse las manos con frecuencia pero no les  manda el elemento.

La inoperancia de las plantas tratadoras de aguas negras no es nueva, de acuerdo; viene de gobiernos pasados, pero precisamente porque las anteriores administraciones no resolvieron, la gente llevó al poder al candidato de Morena, que si se empeña en justificar su inacción culpando a los que ya se fueron, está haciendo exactamente lo mismo que ya hicieron ellos.

¿Dónde está la mejoría?

¿Dónde se percibe la diferencia entre la perversidad de los malos y el virtuosismo de los buenos?

La administración municipal transita por el segundo año de gobierno y, en el caso específico que se menciona, no se ve ningún progreso que no sea la avalancha verbal de los funcionarios quejándose por una parte y, por otra, anunciando beneficios que no se sabe si llegarán y quien sabe cuándo.

Si no ha habido avances en un año y medio, ¿los habrá en el otro año y medio que falta?

Los lamentos de la falta de recursos es la constante, pero nada hacen por mejorar los ingresos.

¿Un ejemplo?

¿Qué ha pasado con los 188 millones 605 mil 346 pesos y 98 centavos defraudados por directivos de la empresa en 2016 y respecto al cual, el 21 de febrero de 2018, la Auditoría Superior del Estado emitió el pliego resolutivo en el sentido de que los involucrados debían reponer lo sustraído?

Mientras la actual directiva llora, los cuatro funcionarios involucrados: el entonces director general Javier Chona Gutiérrez; el de Finanzas y Administración, Guillermo Adolfo Galeana Salas; la de Gestión Ciudadana, Dalia Garzón Campos; y el de Operación, Juan Antonio Ramírez Valle, deben estar carcajeándose.

Si los interfectos no han devuelto lo robado, deberían estar en la cárcel, pero ¿dónde están? Probablemente disfrutando lo obtenido y esperando el momento oportuno para retomar la ubre gubernamental.

En su mañanera del 27 de enero pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador abrió la posibilidad de que la Conagua atraiga la operación financiera y técnica de la Capama ante el quebranto financiero que arrastra la misma.

Si Capama está convertida en un lastre con deudas impagables, ¿por qué no le tomaron la palabra al Presidente?

¿Son acaso masoquistas?

Si lo son, eso explicaría el hecho de que disfruten tanto hacerse las víctimas. n