Lucha generacional

Escrito por  Mar 10, 2020

Tantas son las demandas de las mujeres en su movimiento de protesta como los destinatarios de las mismas.

Son tantas que se pulverizaron.

Algunas de esas flechas disparadas tienen como blanco la sociedad, en cuyo seno hay establecidas reglas que, desde el nacimiento de la mujer, la limitan, obstruyen su crecimiento, la discriminan, la sujetan, impidiendo su desarrollo a la par con el varón.

Es la sociedad las que las confina a quehaceres que cree propias de su género: los domésticos, parir, cuidar y formar a los hijos.

Es la sociedad el origen del machismo.

Es ahí donde le enseñan a seguir a la manada, y de atreverse a intentar ser ella misma, es excluida, ignorada, tratada como desadaptada social, discriminada.

Es ahí donde incluso le asignan marido.

Donde le toca obedecer, agachar la cabeza.

Le enseñan a soportar los maltratos de la pareja; a dedicarse al sometimiento, la resignación, el sufrimiento. “Aguántale como yo le he aguantado a tu padre”, le dice la madre.

Es ahí donde recibe la consigna: la mujer, como la escopeta: bien cargada y en la esquina.

Y cuando nace, ¿qué fue? No dicen fue médica, arquitecta, ingeniera o abogada. No. Fue molendera, es decir cocinera. O el humillante “fue producto para caballero”.

A partir de ahí la condenan a su destino: el niño irá a la escuela y estudiará una carrera. ¿Y la niña? Con que aprenda a leer es suficiente, porque luego se casará y se dedicará a tener a sus hijos.

Luego entonces, en este aspecto, ¿a quién desafían las mujeres con sus protestas? A la sociedad, que por medio de la familia las invisibiliza, las minimiza, las ata y les inculca creencias limitantes que, en muchos de los casos, perduran hasta la muerte.

No es, pues, cuestión de una marcha para corregir todo eso. El cambio de mentalidad no se producirá con unos cuantos pronunciamientos.

No se trata de una semana, un mes, un año de lucha cotidiana para lograr el objetivo, es un asunto de generaciones.

Es, sin embargo, importante el movimiento que alimentan, porque sin duda habrán estremecido conciencias.

Mucho ha sido el avance de la mujer en todos los ámbitos y, con toda seguridad, cada vez obtendrá logros importantes.

Cada mujer que participa en esta lucha, si tiene hijos, probablemente le esté inculcando el respeto y la equidad entre sus principales valores.

Las que todavía no los tienen, cuando los tengan así los educarán, acorde a sus convicciones que esgrimen en sus movilizaciones.

Llevará tiempo, mas en un futuro no muy lejano podrán vivir –si no ellas, sí sus hijos– condiciones de igualdad y respeto.

Vencer las creencias limitantes es como saltar o destruir muros para cruzarlos, y las mujeres, con su movimiento, hacia allá avanzan. n