Hartazgo

Escrito por  Mar 06, 2020

Las esferas gubernamentales están obligadas a ir más allá de sus expresiones de respaldo a las acciones femeniles anunciadas para los días 8 y 9 próximos para exigir un alto a la violencia contra las mujeres.

Garantizar a las féminas el respeto a su movimiento constituye una postura comodina y hasta ofensiva, puesto que suena más a burla, debiendo convertirse en un compromiso de crear un programa que conduzca a proteger no sólo a las mujeres, sino a la población en general.

Bien haría, ahora sí, en ofrecer un plan con plazos para evaluación y aportación de resultados a mediano y largo plazos; lejos de ello, reacciona hasta con cierto desdén al reclamo femenil, lo que más enardece a las activistas y a sus seguidoras.

La marcha y paro anunciados representan un reclamo áspero al gobierno; por eso mismo, los simpatizantes de éste la emprenden sobre todo contra las organizadoras.

No puede considerarse válido que las cuestionen y desacrediten. Pretenden de esta manera restar fuerza a su movimiento. Recurren a la ruindad al carecer de elementos para negarles la razón. No se atreven a decirles que están equivocadas. No pueden expresar que el sector oficial está dando resultados; que está evitando los feminicidios o que está capturando y castigando a los homicidas. No pueden.

El gobierno en todos sus niveles se ha quedado sin palabras; se agotaron sus promesas. Sus anuncios, sus convenios, sus compromisos, han quedado sin validez. Las mujeres siguen muriendo. Las siguen asaltando, maltratando, violando, asesinando.

Hartas ya, sumergidas en la desesperación y la indignación, han decidido vencer sus miedos y temores, levantar la voz para exigir un hasta aquí. No es tan importante saber quiénes son las que organizan, las que dan la cara; más importante es lo que reclaman.

No se vale colocarles etiquetas; es momento de apoyarlas. Al final de cuentas, los beneficios que lograrán no serían sólo para ellas, sino para la población en general, para la sociedad toda.

Es hora de sacar a la autoridad de su marasmo; para nadie es sano hundirse en la conformidad y la indiferencia, porque no nos conducirían a otro destino que no sea el precipicio. n