Una rifa en el municipio

Escrito por  Feb 26, 2020

La decisión que tomó ayer el cabildo de Acapulco, de rifar tres coches entre los contribuyentes cumplidos del impuesto predial, deja en claro que, al menos en lo que respecta al nivel municipal, la comuna ya asumió en toda su magnitud la decisión de la actual administración federal de reducir, cada vez más, hasta su mínima expresión, sus aportaciones a los otros ámbitos de gobierno, como sí ocurrió hasta la administración anterior, por lo que en adelante deberá aguzar su ingenio para hallar maneras de hacerse de recursos propios para hacer frente a sus necesidades y sacar adelante sus obligaciones.

Este efecto puede ser considerado positivo, pues a lo largo de la historia del país los gobiernos locales han dependido, en algunos casos hasta extremos poco saludables, de las aportaciones del gobierno central.

Es evidente que hoy los gobernantes locales se están viendo forzados a caminar por una ruta que sus antecesores no quisieron transitar: la de cobrar los impuestos y los derechos a sus habitantes. Durante mucho tiempo eludieron esa obligación para evitar la erosión de su popularidad, con la consecuencia de perder posiciones en las intenciones de votos de sus gobernados.

De ese modo, hay muchos municipios inviables, que no son capaces de sostenerse por sus propios medios, cuando, por principio, no debería ser así, pues si un gobierno municipal no es capaz de operar con los recursos que le proporcionen sus habitantes, entonces se trata de un ente sin posibilidades.

Todos los gobiernos del mundo cobran impuestos, unos más, otros menos, porque los impuestos constituyen la única fuente de sus ingresos primarios, con los cuales –y sólo con los cuales– pueden hacer frente a sus obligaciones. Por cierto que los países considerados más evolucionados y avanzados son los que cobran más contribuciones a sus ciudadanos, y si los mexicanos piensan que pagan mucho por ese concepto, debieran considerar que, por ejemplo, los alemanes desembolsan 19 por ciento de IVA desde hace mucho tiempo.

Aun cuando pareciera una idea original, la idea de rifar autos no lo es tanto, habida cuenta que el gobierno federal tomó primero la iniciativa de rifar el avión presidencial, que no quiere usar el presidente López Obrador por lo que para él representa. Y luego, como se informó en la propia sesión de cabildo de ayer, porque ya otras entidades o municipios del país organizan la rifa de vehículos entre sus contribuyentes cumplidos a modo de premiarles su compromiso y su puntualidad, y de alentarlos a seguir haciéndolo.

Todo esto, sin embargo, podría estar evidenciando otro problema: que el actual gobierno federal ve demasiado por sus intereses, por sus programas y sus proyectos, y ve poco por sus obligaciones derivadas del pacto federal, situación que, si se llevara al extremo, podría plantear una pregunta difícil: si una entidad federativa no obtiene beneficios de este pacto, ¿para qué seguir en él? n