Horizonte rojo

Ago 02, 2021

El aumento cotidiano de contagios de Covid-19 hace prever la probabilidad de que el 8 de agosto, cuando venza el periodo establecido para el semáforo epidemiológico naranja, se declare el regreso del rojo.

“No estamos muy lejos del semáforo rojo, debido al incremento de contagios, defunciones y hospitalizaciones”, advirtió el gobernador Héctor Astudillo Flores.

Hasta ahora, a pesar de que esta tercera ola ha golpeado con más fuerza que las otras dos, el gobierno ha cuidado con esmero la economía, procurando no llegar al cierre de establecimientos.

Sin embargo, no a todos los sectores les ha ido igual.

Así –de acuerdo con el Periódico Oficial publicado el 25 de julio– permanecen suspendidas guarderías, estancias infantiles, jardines de niños y áreas de estimulación temprana.

Lugares cerrados: las salas y áreas de actividades cardiovasculares, aeróbica, crossfit, fit y fitness.

Están prohibidos totalmente los encuentros masivos de grupos musicales en playas y en áreas públicas.

También, centros nocturnos, bares y salones de reunión (bodas, XV años, encuentros, asambleas, foros y eventos sociales) en espacios cerrados, lo mismo que las discotecas que operan en sitios cerrados.

Eso no resulta nada, comparado con lo ocurrido en 2020.

En el periodo marzo-junio del año pasado cerraron más de 375 hoteles, 587 restaurantes y 669 establecimientos turísticos, como discotecas, bares, agencias de viajes, sitios de venta de artesanía, joyerías y centros recreativos.

Se cancelaron 66 congresos y convenciones, 17 vuelos nacionales y 19 vuelos internacionales, ocho cruceros al puerto de Acapulco.

Esta medida causó que se dejaran de recibir –todo según reporte oficial– 2.6 millones de turistas, lo cual originó la pérdida de 15 mil empleos formales y cerca de 40 mil empleos informales.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha expresado su postura de no llegar otra vez al cierre de establecimientos; el gobierno estatal siempre ha seguido la línea dictada por la Federación.

Es de suponerse, entonces, que no se repetirá la experiencia de 2020.

El semáforo verde, que tuvo una duración de casi dos meses, operó con aforos hasta de 60 por ciento, mismos que se redujeron a 50  por ciento con el amarillo y a 40 por ciento con el naranja.

No habrá cierres, es un hecho, como es un hecho lógico que habrá más contagios, hospitalizaciones y defunciones como consecuencia.

Si a pesar de los cierres en 2020 los contagios no decrecían, con la reducción de los aforos tampoco descenderán, sencillamente porque si bien se controlan en los establecimientos formales, no ocurre así con los sitios de concentración humana como mercados, transporte, playas, plazas públicas y parques.

Si bien es cierto que mucha gente sigue reacia a evadir los protocolos sanitarios, no menos cierto resulta que tampoco la autoridad ha sido capaz –o no se ha atrevido– a hacer respetar sus propios ordenamientos, y recurre cuando más a la simulación en muchos casos y en buena parte.

Luego entonces, nadie puede jactarse de estar cumpliendo su parte.

Y habrá resultados. n

La advertencia del gobernador Héctor Astudillo Flores en cuanto a que hay un aceleramiento en el aumento de contagios de Covid-19, incluso mayor que las dos olas anteriores;  la indicación, también oficial, de que las camas destinadas a la atención de contagiados en tres de los cuatro hospitales civiles de Acapulco se encuentran saturadas; el llamado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de no usar el transporte público en horas de mayor afluencia, son razones suficientes para tomar ya en serio la pandemia y sus consecuencias.

Y si eso no fuera convincente, habría que agregarle las versiones que rondan en los hospitales en el sentido de que el oxígeno comienza a escasear.

Ayer, Astudillo Flores reveló que en las últimas 24 horas, en el estado se registraron 732 nuevos casos, contra 743 de las 24 horas que antecedieron.

Se ha hecho hincapié en que  la mayor cifra de contagiados se ubica entre jóvenes y niños, hecho que, al final de cuentas, no representa mayor consuelo porque se trata de vidas humanas, sin importar edad, sexo o religión.

Duele tanto la vida de un adulto como la de un joven, la de un adolescente o la de un niño, que resulta ser el menos culpable de cuanto está ocurriendo y cuya partida debería facturarse a quienes no supieron protegerlo, sin importar si fue por ignorancia o irresponsabilidad.

Mención especial merece la exhortación del IMSS respecto a no utilizar el transporte público en horas de mayor afluencia.

Considerado oficialmente como alto riesgo de contagio, el transporte tiene un aforo total establecido de 50 por ciento.

En el punto IV del Artículo Quinto del Acuerdo del Consejo Estatal de Salud, publicado en el Periódico Oficial del Estado de Guerrero el 25 de julio pasado, define: “En el transporte público se deberán realizar acciones de prevención e información y de microperforados sobre las medidas sanitarias. Los choferes se abstendrán de admitir a pasajeros sin el uso de cubrebocas”.

El Artículo Segundo asienta: “Las actividades sociales, familiares, económicas, comerciales, turísticas, recreativas deportivas y afines, establecidas en el presente Acuerdo, deberán observar las siguientes disposiciones sanitarias: uso obligatorio de cubrebocas, gel antibacterial de al menos 65 por ciento de alcohol, mantener la sana distancia, el lavado frecuente de manos, toma de temperatura, sanitización permanente de espacios y objetos, cuidado de los adultos mayores y grupos vulnerables, evitar las aglomeraciones, reducir la movilidad, así como respetar los porcentajes de aforo y horarios de funcionamiento”.

En el transporte público, el acuerdo es letra muerta. Los transportistas fingen no darse por enterados, y la autoridad se concreta a exhortarlos y amenazarlos con sancionarlos. Nadie ve ni escucha. Tampoco actúa. Ninguna infracción levantada. Ninguna concesión cancelada.

Condescendencia, omisión y complicidad en todo su esplendor en tanto los hospitales están repletos, largas filas se forman frente a los módulos de pruebas y en los de vacunación, y diario se rompe récord en la cifra de contagios. n

El deceso del diputado federal priísta René Juárez Cisneros ha concitado muestras de una civilidad que por momentos parece que empieza a escasear en nuestro país en los actuales tiempos de polarización ideológica y política, y de distanciamiento social.

El ex alcalde de Acapulco y ex gobernador de Guerrero fue objeto de homenajes póstumos, primero de cuerpo presente en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, y ayer en la sede del Poder Ejecutivo del estado –instalación que él mandó construir, pero que no llegó a ocupar, igual que aquel que siembra en su vejez para que otros coman los frutos. En ambas ceremonias le fueron prodigadas expresiones cálidas de quienes lo conocieron y lo trataron.

En el caso de la ceremonia local, en Chilpancingo, el actual mandatario estatal, militante del mismo partido, Héctor Astudillo Flores, se encargó de pronunciar esas expresiones de afecto y reconocimiento. Y lo mismo podría decirse de quienes fueron sus adversarios en algún momento de su carrera política, pero que estuvieron en ambos actos, y de otros que sólo pudieron enviar sus condolencias.

El presidente Andrés Manuel López Obrador puso el ejemplo, quizá sin pretenderlo, al expresarse con gentileza y generosidad acerca de él y decir que guarda “mucha simpatía y respeto por quienes escalan desde abajo y de cuna humilde”.

Constituiría una rara singularidad que alguien que ha perdido la vida no concitara entre sus sobrevivientes palabras de reconocimiento por obras, actitudes, decisiones o gestos, así hayan sido aislados o escasos. Casi siempre habrá mérito en las personas, sobre todo en momentos tan emotivos como una ceremonia fúnebre, por el cual merezcan ser recordadas y hasta elogiadas. Eso, con independencia del saldo que resulte de hacer un balance integral de su vida.

Por supuesto, eso no significa que todo aquel que fallece pasa en automático a ser digno de toda admiración y de todo elogio, porque nadie es perfecto y porque la perfección no existe. Al final, la historia se encargará de hacer ese balance para todos, en los años venideros. Y las mejores condiciones sociales para que eso sea posible pasan por superar la polarización que enemista innecesariamente a la sociedad, tarea en la cual deberían emplearse más a fondo todas las fuerzas políticas, al menos para poner el ejemplo al resto de los ciudadanos. n

El Covid-19 prosigue en ascenso vertiginoso, ocupando la mayoría de las camas de hospital destinadas para combatir el mal.

Ayer martes reportó la autoridad 358 casos más que el día anterior.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado ya que “la única alternativa” para frenar la tercera ola de la pandemia es la vacunación.

Ha dicho que se intensificará la inmunización con el propósito de alcanzar el objetivo.

Parece ser prueba de ello el hecho de que ayer mismo debió incorporarse a esta tarea en Acapulco la Secretaría de Marina.

Es de esperarse que así sea, pues, en lo que a Acapulco se refiere, donde más casos surgen en la entidad, había permanecido dos semanas estancada, siendo hasta este lunes que comenzó la vacunación de las personas que oscilan entre los 30 y los 39 años.

Es de tomarse en cuenta también que las autoridades sanitarias aumentaron de dos a cuatro los módulos para pruebas, medida que constituye una manera de amortiguar los estragos del virus, pues quienes dan positivo sin que los síntomas sean muy avanzados pueden no ir necesariamente al hospital, sino quedarse en casa aislados y en tratamiento.

Respecto a la vacunación, severas han sido las críticas a nivel nacional en el sentido de que hay entre 90 y 100 millones de dosis de vacunas que debiendo haber sido ya aplicadas, permanecen guardadas.

Nuevamente los obuses han alcanzado al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, a quien culpan de que la distribución no lleve el ritmo requerido y de que no cuenta con una estrategia para sortear la pandemia.

Este lunes, en su columna Estrictamente Personal que publica el diario nacional El Financiero, Raymundo Riva Palacio sostiene que en una reunión de gabinete, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaun, y el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, culparon a López-Gatell de la dimensión que ha alcanzado la pandemia al no llevar a cabo con la eficacia debida la vacunación.

Ojalá que la intensificación de la vacunación y la participación de la Marina sean ya medidas que tiendan a corregir el rumbo.

No debe faltar, aunado a ello, la participación de las autoridades haciendo cumplir los porcentajes de ocupación, aforos y horarios establecidos por el Consejo Estatal de Salud, así como la actuación de la gente practicando las medidas sanitarias, pues de no ser así, no sería de extrañarse que, con la velocidad con que se está propagando el virus, en pocos días ningún hospital reciba ya a contagiados. n

Comenzó el semáforo epidemiológico naranja con la noticia proporcionada por la directora de Salud municipal, Roxana Tapia Carbajal, en el sentido de que “la mayoría de los hospitales de Acapulco se encuentran al 100 por ciento de ocupación en camas Covid”.

El acuerdo emitido por el Consejo Estatal de Salud establece nuevos porcentajes de ocupación, aforos y horarios de funcionamiento de diversas actividades esenciales y no esenciales del 26 de julio al 8 de agosto.

Si bien en los considerandos del acuerdo difundido en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guerrero se determina que el retroceso al semáforo naranja se debe al incremento del número de contagios, “lo que implica un alto riesgo a la población”, los ajustes son reducidos con tendencia sobresaliente a proteger la economía.

Por ejemplo, el aforo en hoteles y establecimientos de alojamiento temporal, retrocedió de 60 a 50 por ciento.

Playas, clubes de playa, balnearios, servicios náuticos, deportes acuáticos y albercas públicas, de 50 a 40 por ciento.

Independientemente de que la reducción sea mucha o poca, según la perspectiva de cada quien, queda en entredicho la capacidad de la autoridad para hacerla respetar y la falta de voluntad de la gente para acatarla y cumplirla.

Igual ocurre con el transporte, que no tuvo ajuste, sigue en aforo de 50 por ciento, pero no se hace respetar el porcentaje como tampoco la práctica  de las medidas sanitarias.

La misma situación prevalece en el rubro de mercados, romerías, tianguis, bazares y mercados sobre ruedas, que de 50 por ciento decreció a 40 por ciento.

¿Qué decir de las plazas cívicas, parques, unidades deportivas? De 50 se redujo a 40. ¿Quién hace respetar ese aforo?

¿Y las actividades comerciales informales, que de 50 también bajaron a 40? ¿Quién aplica los procedimientos para su control?

Básicamente, la autoridad concentra la supervisión en negocios establecidos formalmente, como bares, comercios y restaurantes.

Tan es así que ayer el ayuntamiento advirtió que al regresar el semáforo naranja, el municipio reforzará la vigilancia en negocios y aplicará las sanciones correspondientes.

“La cadena de propagación del Covid-19 y sus variantes está en el comercio informal, en las fiestas clandestinas, el transporte público y mercados, no en los negocios establecidos, porque falta la supervisión necesaria de las autoridades”, se defendió el presidente de la Federación de Cámaras Nacionales de Comercio (Fecanaco) del estado de Guerrero, Alejandro Martinez Sidney.

En el papel todo queda muy bonito; es la realidad la que lo contradice mostrando una cara diferente. n

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