Hoy cumplen ocho días de protesta los trabajadores del ayuntamiento municipal de Atoyac, en demanda de que les paguen cuatro quincenas y algunas prestaciones laborales. 

Si muchos de los trabajadores van al día con sus gastos, es de imaginarse los problemas económicos que ellos y sus familias enfrentan en estos momentos en sus hogares. 

En todas las empresas es motivo de irritación para sus empleados que les paguen un día después de lo debido; es común incluso que si la empresa suele pagarles en la mañana y algún pago se los hacen por la tarde, cause enojo. 

Por eso mismo es de entenderse la situación de los trabajadores municipales atoyaquenses, que, en reclamo del pago de su salario, mantienen tomadas oficinas de la alcaldía. 

Sobre el movimiento, el alcalde Dámaso Pérez Organes acusó que “están actores de otros partidos políticos que pretenden desestabilizar al gobierno municipal rumbo al proceso electoral de 2018”, y manifestó que “su administración está abierta a cualquier auditoría que quiera hacer el gobierno estatal”. 

No se trata de esclarecer si hay o no personas ajenas al movimiento, sino la verdad irrebatible es que se adeuda a los trabajadores; es ese el punto medular del conflicto; si hay alguien interesado en aprovecharlo para otros fines, es otro tema. 

Tampoco se trata de definir si el gobierno de Pérez Organes es o no muy honesto, sino del incumplimiento del pago salarial a quienes trabajan para la administración del edil.

La primera autoridad municipal dejó crecer el problema hasta que le reventó en las manos; ahora, en vez de concentrar su voluntad en cumplir sus responsabilidades como patrón, busca distraer la atención adjudicando a las protestas otros ribetes con lo que pretende victimizarse. 

La propuesta del primer edil es pagar los salarios hasta dentro de 15 días, cuando desde la primera quincena que quedó a deberles debió abocarse a apagar el fuego que comenzaba a surgir. 

Ahora, casi al cumplirse ocho días de paro laboral, ve supuestos intentos de desestabilizar su administración, mostrando, sí, gran preocupación por su futuro político, el cual, más bien, está en entredicho por haber llevado a sus trabajadores al desfiladero al dejarlos sin comer junto con sus familias. 

Es hasta ahora que el jefe del gobierno municipal está haciendo lo que debió hacer hace cuatro quincenas: gestionar recursos para pagar. Debió entender que con el salario de los trabajadores no se juega. Sus incumplimientos, esos sí, pueden desestabilizar su administración y estropear su futuro político, porque trabajar con gente resentida a la que no le cumplen, trae funestas consecuencias. Luego entonces, que el alcalde, como dicen en el rancho, no le busque colgadera al plato y asuma su responsabilidad.

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