Inicia la temporada de mayor salida de los pueblos indígenas de La Montaña, indica

Más de 10 mil campesinos salieron de Guerrero en busca de empleo al norte del país, señala director

“Jóvenes de entre 18 y 25 años ocupan el mayor rango en el éxodo en busca del sustento económico”


Tlapa, 4 de noviembre. Abel Barrera Hernandez, director de Tlachinollan, informó que este cuatro de noviembre iniciaba la temporada de mayor migración jornalera proveniente de los pueblos indígenas más vulnerables de La Montaña, pero que en los últimos 10 meses, producto de la pandemia del coronavirus, se vio una ola de migración jornalera jamás antes documentada por el centro de derechos humanos que alcanzó el registro de más de 10 mil jornaleros.

En una conferencia virtual, el director de Tlachinollan expuso que este cuatro de noviembre comenzaba el nuevo peregrinar para las familias indígenas que han sobrevivido los últimos años a base del sudor y lágrimas del trabajo como jornalero agrícola en los estados del norte del país, ante la falta de empleo y la pobreza extrema que viven los pueblos de La Montaña. “Resulta que en estos meses de febrero a agosto que es una temporada no muy fuerte para la migración interna, se ha suscitado un fenómeno diferente, ahora es cuando hemos registrado más de 10 mil jornaleros que salieron en busca de empleo principalmente de Cochoapa el Grande y Metlatonoc los municipios más pobres de Guerrero”, explicó.

Detalló que en sus reportes de los últimos meses, los jóvenes con edades entre 18 y 25 años ocupan el mayor rango de migración jornalera, seguido de 26 a 40 años, niños de 6 a 12 años, de 3 a 5 años y se han registrado 92 niños  que oscilan entre los dos meses a dos años.

“Estamos hablando de un sector marginado, con pocos niveles educativos y que ha sido discriminado por las autoridades estatales y, al no tener otra opción de empleo, han tenido que salir familias enteras en busca del sustento económico que les permita sobrevivir”, expuso.

Todo se debió a una carpintería y una vivienda conectadas, dice


El fiscal Xavier Olea Peláez afirmó que los artesanos indígenas veracruzanos que fueron asesinados en Chilapa fueron victimados por Los Ardillos. 

En conferencia de prensa, señaló que en esa zona existen dos grupos, los Ardillos y los Rojos, y según las pesquisas, todo se debió a la existencia de una “carpintería” y de una vivienda que tiene conexión con esa carpintería, las cuales eran “seguramente una guarida del contrario de los Ardillos”. 

Dijo que familiares de los artesanos que no hablan español sino náhuatl, fueron a buscarlo temprano y reconocieron los cuerpos, los cuales estaban desmembrados. 

“Nosotros de las pruebas periciales previas sabíamos que se trataba de indígenas pero era muy difícil antropológicamente y nos íbamos a tardar mucho en ir reconstruyendo cada uno de los cuerpos”, señaló.

El fiscal aseguró que los familiares reconocieron los restos de las víctimas como de sus parientes, por lo que se pudo salvar todo un proceso que sería largo, para identificarlos.

La precandidata presidencial se encuentra con organizaciones de La Montaña

 “Al sistema no le importan los indígenas, los estudiantes, los trabajadores del campo, ni las mujeres”

La suya es lucha organizativa, más que electoral, dice la vocera del Consejo Indígena de Gobierno


Tlapa, 28 de enero. La vocera del Consejo Indígena de Gobierno y precandidata a la Presidencia de la República, María de Jesús Patricio Martínez, sostuvo un encuentro con organizaciones sociales e indígenas de la región de La Montaña, a cuyos integrantes aseguró que todos los pueblos indígenas tienen un enemigo común: el sistema capitalista del poder.

El encuentro entre la vocera del Consejo Indígena de Gobierno y el pueblo tlapaneco se desarrolló en el centro de la ciudad alrededor de las 7 de la noche con la presencia de un centenar de personas de diversas organizaciones sociales, indígenas, magisteriales y estudiantiles.

Antes de Marichuy –como se conoce a la vocera del CIG–, representantes de organizaciones de La Montaña tomaron el micrófono para dar a conocer las luchas que los pueblos indígenas han gestado contra el Estado por el abandono, la represión, los intentos de explotación minera, las violaciones a los derechos humanos y los asesinatos.

La importancia de ir sumando esfuerzos entre el gobierno y sociedad civil es fundamental, en aras de ir disminuyendo hasta erradicar la Violencia de Genero en la entidad


Chilpancingo, Gro., 13 de diciembre.- Atendiendo la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en Guerrero, la Fiscalía General del Estado impartió el curso: "Los Derechos Humanos de las Mujeres Indígenas y la Procuración de Justicia, desde una Perspectiva Intercultural y de Género", dirigido a 40 servidores públicos del área administrativa, Peritos, Ministerios Públicos y de la Policía de Investigación Ministerial.

Esto con la finalidad de garantizar la protección, el respeto y el ejercicio de sus derechos humanos, atendiendo los compromisos internacionales, especialmente a la luz de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.

A este evento asistió Alejandro Santos González, Vice fiscal de Prevención y Seguimiento; la Dra. María Eugenia Espinosa Mora, Subdirectora adscrita a la Dirección de Promoción y Difusión de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, de la cuarta visitaduría de la CNDH; Elizabeth Ocampo Jiménez, Directora del Instituto de Capacitación y Formación Profesional; Ramiro Rivera Martínez, Fiscal Especializado en Atención de los Pueblos Indígenas y Afroamericanos; Silvia Elena Aivar García, Fiscal Especializada en Delitos Sexuales y Violencia Familiar y Shiomara Yadira Bautista Cantú, titular de la Unidad de Género.

Xavier Olea Peláez, Fiscal General del Estado, refuerza y promueve el respeto a los derechos humanos de los pueblos originarios.

Intentamos escapar de los intermediarios, dice Lourdes Vázquez


Las flores –dice Lourdes Vázquez Gómez- simplemente lo significan todo. Originaria de la comunidad indígena de Maxela, en el municipio de Tepecoacuilco, aprendió junto con sus hermanas a pintar artesanías, y recuperar la tradición prehispánica en hoja de amate, en madera y en barro. 

Como la mayor parte de sus paisanos, dedicó su vida a ello. Pero la vida difícilmente se gana cuando se requiere pintar unas 50 tazas, o platos, o saleros u otros, para ganar apenas 100 pesos al día, dos pesos por cada pieza, a la cual sin embargo debe invertirle el costo de pintura; para agravar las cosas, cuando su trabajo ha recibido premios y reconocimientos, estos se entregan al intermediario, cuyo nombre aparece en libros editados por el gobierno del estado, como autor de la obra. 

El intermediario es otro indígena de su pueblo que vende las artesanías en al menos 10 veces lo que paga a los artesanos.

Para escapar de ese ciclo, Lourdes, de 27 años de edad, con su esposo Alfredo Zetina, un acapulqueño con raíces en la Tierra Caliente que se adaptó bien al trabajo ancestral indígena, y mujeres de su familia, decidió impulsar su propio proyecto: la venta de blusas de manta con dibujos hechos a mano, flores principalmente, con pintura textil. 

“No queremos que el gobierno nos regale nada, pero estaría bien que nos dieran un crédito”, dice en entrevista.

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