La Jornada Guerrero - Jueves, 10 Diciembre 2020
Viernes, 11 Diciembre 2020 02:16

Todo pasa

Es un hecho que la pandemia del coronavirus, así vayan al alza los contagios y las defunciones, ha llegado a un nivel en el que buena parte de la población ni se impacta ni siente miedo ya.

Es un hecho que la gente se sigue contagiando y continúa muriendo, como también es un hecho que no son pocos los que han reanudado su vida normal: pasean, conviven en fiestas, se reúnen pasando por alto protocolos de salud.

Es algo que sucede con todo acontecimiento fuera de la cotidianidad; parece un proceso normal.

Habrá que recordar el comienzo de la ola de violencia que aún no desaparece.

Allá en 2006, cuando policías enfrentaron a civiles armados en La Garita de Acapulco, la población se conmocionó, reaccionó estupefacta, horrorizada.

Igual ocurrió en días posteriores en que, en los sitios menos esperados, amanecían cabezas de decapitados.

Pero poco a poco, el miedo y el asombro fueron desapareciendo hasta volver la calma, y llegó el momento en que, cuando ocurría una balacera en alguna calle, la gente salía de sus casas para indagar qué pasaba y comentaba el suceso, con el ánimo de curiosear.

La inseguridad persiste. Aunque en menor nivel, las ejecuciones ocurren, al igual que los secuestros y las extorsiones, en tanto el cobro de piso ha adquirido carta de naturalización; sin embargo, la gente ni se asusta, ni se asombra.

Ha aprendido a vivir entre la inseguridad; se ha adaptado. Si bien no ha salido fortalecida del evento, tampoco se ha hundido, excepto quienes han perdido a un ser querido en esta otra pandemia.

Los bloqueos viales, en sus comienzos, trastornaban a la sociedad y ponían en movimiento a las autoridades; pasado el tiempo, han dejado de ser novedad para convertirse en parte de la vida cotidiana; igual ha pasado con las huelgas de hambre. ¿Las marchas? Nadie las toma en cuenta, lo mismo que la toma y la quema de edificios gubernamentales, incluidos palacios de gobierno.

El surgimiento del Covid-19 tuvo el impacto de un huracán, con la diferencia de que el meteoro llega, azota, destruye y se aleja, en tanto la pandemia arribó matando personas; pero, lejos de decrecer, su ataque y sus consecuencias se acrecientan, afectando cada día a mayor número de seres humanos.

Empero, la población parece haber vuelto a la normalidad, con la idea de que, cuando te toca, aunque te quites, y cuando no te toca, aunque te pongas.

Nadie sabe qué nos depara el futuro, pero tampoco parece importarle a nadie.

Todos, eso sí, se aprestan a disfrutar los festejos decembrinos, fastidiados ya de exhortos y prohibiciones. n

Publicado en Editorial

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