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Martes, 25 Junio 2019 00:22

Bien identificados, pero bien libres

Cualquier ciudadano guerrerense no puede quedar más que estupefacto –aun conociendo el alto nivel de impunidad prevaleciente en la entidad– al percatarse de la información de la autoridad respecto a la violencia que se enseñorea de Taxco.

El grupo delictivo que ha ocasionado los recientes asesinatos en la ciudad es el mismo que está relacionado con la muerte de los sacerdotes y el ataque a paramédicos de la Cruz Roja, dijo la voz oficial.

Reforzó: “Están identificados, sabemos quiénes son. En la Fiscalía (General del Estado) tienen datos muy concretos”.

¿A qué sacerdotes se refiere la voz? A Germaín Muñiz García e Iván Añorve Jaimes, asesinados el 5 de febrero de 2018 cerca de Taxco.

El 17 de noviembre del año pasado, una brigada de la Cruz Roja Mexicana que acudía a entregar víveres al poblado de San Juan Tenería fue atacada por un grupo armado. Tres policías del estado y un paramédico de la benemérita institución murieron.

En días recientes, cuatro personas fueron asesinadas en la ciudad platera, entre cuyas consecuencias figura la cancelación del Campeonato Nacional de Enduro 2019.

Los autores, sostiene el gobierno, son los mismos. Están identificados. La FGE tiene datos muy concretos.

Los dos sacerdotes fueron masacrados hace casi 18 meses; el paramédico y los tres policías, hace seis meses.

Los responsables, identificados y con datos concretos en la Fiscalía, continúan libres.

El 17 de abril de 2018, seis policías –Mario Portillo, Heriberto Martínez, Juventino Figueroa, Delfino Damián, David Hernández y Rollis Univer Morales– fueron asesinados con saña en la comunidad Las Mesillas, en la sierra baja del municipio de Zihuatanejo. “Fue la gota que derramó el vaso”, declaró entonces el gobierno estatal.

Para la Iglesia, la gota que derramó el vaso fue la muerte de los dos sacerdotes en Taxco, replicó entonces el obispo Salvador Rangel Mendoza.

Para las familias guerrerenses, enfatizó el prelado, la gota que derrama el vaso es la muerte de cada uno de sus miembros.

Lo que raya aun más en el absurdo es que, aun estando identificados los homicidas, aun habiéndose derramado los vasos por una gota, la impunidad galopa libremente por la pradera.

Cuando un guerrerense escucha: “están identificados; la Fiscalía tiene datos concretos”, no tiene más que preguntarse incrédulo: ¿Y por qué no los detienen?

Ahora que, habrá que preguntarse también: si el gobierno no hace justicia ni siquiera a los suyos, ¿qué espera el ciudadano común? n

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