La Jornada Guerrero - Lunes, 21 Mayo 2018
Martes, 22 Mayo 2018 01:03

Maratón político

El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, ara en el desierto al pedir a los candidatos a puestos de elección popular no prometer aquello que no puedan cumplir, pues pareciera que todos participan en un maratón de promesas con el exclusivo propósito de convencer a los electores de que, llegado el momento, voten por ellos.

Por tanto, los aspirantes a diputados o senadores, por ejemplo, ofrecen un bonche de soluciones a problemas que no estará entre sus facultades abordar.

Se aprovechan de la falta de información de la gente en el sentido de que un legislador tiene como labor hacer leyes, fiscalizar el uso de los recursos públicos y llevar a cabo labor de gestoría, sobre todo; sin embargo, no falta el abusadillo que promete obras públicas, becas, ayuda a madres solteras y discapacitados, entre otras bellezas, que bien sabe que no podrá proporcionar.

Bien harían las autoridades electorales en emprender campañas de orientación sobre las funciones de los legisladores para que los ciudadanos no se dejen engañar.

A partir del sábado 19 en que comenzó la campaña para alcalde, la andanada de ofrecimientos se desplaza como lava ardiente sobre la pradera.

Conocedores los candidatos de que la violencia y la inseguridad constituyen el problema más inquietante para la población, se aferran a esa liana y, sin medir el alcance de su compromisos, ofrecen resolverlo, sin siquiera saber con qué presupuesto contarán, en qué condiciones recibirán la Policía Municipal y de qué recursos humanos, técnicos y materiales dispondrán, al fin que, cuando estén en el poder, ya podrán justificarse como aquel que dijo: nunca me imaginé cuán complejo era el problema.

No se ocupan en explicar a los ciudadanos que, sin la participación de los gobiernos de la República y del estatal, nada podrán hacer contra la delincuencia.

Deberían plantearles que, si las fuerzas de seguridad federales no han podido con el crimen, menos podrá un ayuntamiento, cuya policía tiene como encomienda prevenir la delincuencia, no investigar, no perseguir, no capturar, a menos que descubra a alguien en el preciso comento de cometer un delito.

Es buena la recomendación de monseñor González González, mas debería saber que nadie le hará caso porque todos están ocupados en ganar la delantera y alcanzar la meta antes que los demás; no obstante, el sacerdote hizo ya la parte que le corresponde. Si cada quien hiciera la suya, otra sería nuestra realidad.

Publicado en Editorial

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